• 17 de Junio del 2024
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Cinco poemas del libro El Imperio del Polvo

Cinco poemas del libro El Imperio del Polvo, de Juan Norberto Lerma

El Imperio del Polvo contiene un puñado de textos en los que recreo la ciudad en la que viví durante mis primeros años. Es posible que, como ejemplo urbanístico, la ciudad no valga nada y que se convirtiera en un enfado que produjo más problemas sociales que los que resolvió”.

“Lo que es seguro, es que la ciudad en la que viví y de la que hablo en mis textos son dos entidades distintas y hasta enemigas”.

Una es la ciudad real, la miserable, peligrosa, áspera, desértica, desolada, y repleta de podredumbre material y humana, y la otra es una recreación literaria, mágica, sufriente, paradisiaca, reconfortante y profundamente humana, la cual describe un hombre, si es que esto es posible, a través de los ojos de un niño, del niño que fue y que en algún lugar no muy distante se mantiene vivo”.

A continuación, te presentamos cinco poemas del libro El Imperio del Polvo:

 

Polvo he sido

El polvo es mío,

soy yo,

es lo que soy y no sabía.

Palpándolo me palpo,

teniéndolo en las manos me tengo de otro modo.

Ríspido, líquido,

corriendo entre mis dedos a espaldas de mi padre todo el día.

Terreno mágico que dibuja alfabetos,

lenguaje que me habla,

entra por la piel de los ojos

y revela su significado en un lugar que no es la carne.

Polvo he sido,

vivía en una caja dormida en un costado de mi madre.

Ahora he venido a este llano yerto y me reconozco.

Soy el terrón y la zanja, el polvo y el lodo,

soy el desierto, la piel cuarteada,

la suma de esta tierra que me se vuelve polvo.

***

En mis huellas me leo

Letras de polvo escribe la lengua del viento entre las calles,

mano de un dios que amasa puñados de barro y los modela.

El viento balbucea casuchas de rostro decaído,

ventanas de ojos rotos,

muros de madera que abren a la vista sus heridas.

El azar de su inconsciencia arrebuja terrones,

esboza niñas,

flores prietas de trenza con el labio adelantado.

A la geometría del trazo nada le es ajeno,

invoca el corazón emboscado en la piquera,

inflama vientres,

tira puñaladas,

salpica de sal preciosa la piel de las mujeres.

Todo el valle es mío, estaba en mí,

espejo dormido, por fin en ti me miro.

En algún lugar de mí se rompe el cordón umbilical,

papalote azul,

pájaro plástico, devuélveme a la tierra.

De la mano del viento voy,

cubierto de polvo describo lo que me habita y,

en las huellas que dejo de mí,

también me leo sobre la tierra.

***

Ceremonia de llegada, libertad te llamas

La tierra que me recibe es una alfombra de pelo fino,

su cuerpo sinuoso tiene cavidades y montañas.

Si caigo, me recibe igual que a un niño de porcelana.

Todo lo que miro es mío,

nombro personas, animales y cosas.

Bautizo la tierra que me circunda,

ceremonia de llegada, libertad te llamas.

Tierra blanca de día, mujer de salitre,

tu paisaje de harina curva mi boca, colma mis ojos.

El mazapán del suelo amortigua, y entiende,

el lenguaje que balbucean mis pasos que caminan.

***

Caballo del cielo

El papalote relincha entre las nubes,

caballo del cielo, resiste el tirón de mi hilo.

Quiere ser libre, pero en su libertad se pierde.

Mi mano lacerada lo sostiene, el caballo se encrespa y gime.

Pasta en el viento, mordisquea la nube.

Vientos del este sacuden su cola,

polvos malvados me ciegan.

Potro de hule, no te rindes,

te alimento con kilómetros de hilo.

Ondea su crin y saluda la tierra.

Dime que miras desde la altura torres de castillos,

fosos y guerreros de tierra.

Niñas prietas de ojos empolvados

quieren saber las noticias que habitan en el cielo.

***

Mil clavos y una soga larga y amarilla

Un madero, dos maderos, tres maderos,

mil clavos y una soga larga y amarilla.

En un día feliz, mi padre hizo manar agua de la tierra,

otro, dio vida a un conejo de trapo colorado.

Señor del encantamiento,

conoce los ademanes adecuados para someter al viento

y mantener a los niños a raya.

En sus manos diestras aparecen herramientas

que alteran la geometría de la llanura.

Mi mano es un serrucho, su voz ronca debilita la madera.

De lejos, nuestra obra es la boca de una horca o una portería,

entrada o portal de mundos que aún no se me revelan.

En un tris, mi padre ha construido un columpio que levita sobre el llano,

y sus vaivenes marcan las horas en el cielo.

Decenas de niños polvosos hacen fila,

sus manos sudan, sus bocas se aceleran.

La tarde teñida de hechicera se aproxima,

un último ademán de mi padre les infunde vida a la soga y la madera.

Uno a uno, los niños vuelven otros de orillas desconocidas.

El mundo cabe en una burbuja y ya nada rechina.

En mi turno, trepo uno a uno los colores del arcoíris.

Abajo, los pies siguen de plomo,

arriba, mis manos recogen oro.

***

Aquí puedes leer completo el prólogo y los primeros poemas:

https://www.amazon.com.mx/dp/B01MR1XSXQ

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Juan Norberto Lerma

México, Distrito Federal.

Es escritor y periodista. Ha colaborado en diversos medios de comunicación y en varias revistas culturales. 

Ha publicado varios libros de cuentos en Amazon, entre los que se encuentran La Bestia entre los días, y Perro Amor.


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