• 26 de Septiembre del 2021

La trenza

Hair / congerdesign/Pixabay

 

Para las mujeres celtas, el pelo largo significaba fertilidad y para los hombres fuerza

  

Márcia Batista Ramos

Mientras trenzaba el pelo, frente al espejo, trenzaba miles de pensamientos, desde la desintegración del cuerpo después de la muerte, hasta la perdurabilidad de los cabellos que no perecen después de la defunción.

Para las mujeres celtas, el pelo largo significaba fertilidad y para los hombres fuerza. Los indios Navajos, nativos americanos, creen que los pensamientos originados en la cabeza salen afuera junto con el cabello y están en él; los pensamientos nuevos están cerca del cuero cabelludo y los viejos en las puntas de los pelos crecidos. Cuanto más larga es la cabellera, más pensamientos habrá en ella. Tal vez, sea cierto, al tiempo que su cosmovisión es excluyente y discriminadora con los calvos.

Mira, fijamente, al espejo y dice a sí misma: antes era antes, ya pasó. El espejo no contesta nada y ella sigue trenzando sentimientos solidificados en el tiempo, junto con el cabello.

Se acuerda de que, desde la antigüedad, la creencia en la juventud eterna, el éxito, la fuerza, la sabiduría fue siempre relacionada con la existencia de una cabellera exuberante, vigorosa, tal es el caso, de los antiguos egipcios que relacionaban el pelo con el estatus social, de ahí la importancia de las pelucas, en muchos casos rociadas con polvo de oro. En el museo de El Cairo se encuentra el cabello de la reina Tyi, del siglo XIII antes de Cristo, probablemente porque creían que la vida residía en el cabello, no en las calles, en las fiestas o en las redes sociales. Porque la percepción del mundo y de la vida, cambia según la época y el lugar.

Se percata que muchas ilusiones ya no existen. Se acuerda de su costumbre de prender velas e inciensos, como una manera de mantener cierta esperanza y fe. Tal vez, porque vivir tiene algo terrible intrínseco. No sabe… No está segura. Nada es absoluto.

En el panteón de los dioses griegos, Hathor, la diosa de la naturaleza extraordinariamente erótica, era llamada la hermosa melenuda. Su historia, como tantas otras, llegó hasta nuestros días y ella nunca hizo implantes de silicona, tampoco cuestionó su género en algún momento de su existencia, no importa, la historia de su melena llegó a nuestros días.

La diosa cazadora y guerrera, Artemisa, se hacía peinar por la ninfa Psecas. Le perfumaba el cabello y el cuerpo con esencias aromáticas elaboradas a base de flores, especias y aceites. Por eso, los griegos, hacían hervir flores y hierbas como la mirra o el olíbano, las hojas de vid y los extractos de rosa, y ligaban la preparación con aceite de oliva. Para suavizar el cabello, además de peinarlo, le daban brillo con lociones, pomadas y cera de abejas.

En el Olimpo, las diosas eran representadas luciendo largas cabelleras perfumadas, como la de Psique, Afrodita, Artemisa o Venus, la diosa del amor y de la belleza, que lucía un largo pelo rubio.

Pensó que algo no le deja fluir…

Siempre está en la batalla personal, tratando de estar bien. Mira hacia adentro de sí misma, con cierto cuidado, despacio, para no cortar su propio ritmo.

Le vino a la mente, otra mujer hermosa que tenía un bonito y frondoso pelo:  Pandora, la primera mujer de la tierra, a quien Hefesto, dios del fuego, moldeó a imagen y semejanza de las diosas inmortales.

Pensó que la única magia que existe es estar vivos, mismo cuando no se entiende la magia ésta.

En la Edad Media relacionaban el cabello con el poder, por tal razón, cuando se acusaba a una mujer de practicar la brujería, se le rapaba la cabellera. En el siglo XX, en Francia, después de la Segunda Guerra Mundial, quemaban el cabello de las mujeres que habían sido amantes de los nazis durante la ocupación.

Sabiendo que todo está cargado de injusticia y dolor. Pero sabiendo que después, acaba y pasa; mismo lo que no debería ser como es, después pasa y viene otro ciclo con las injusticias propias de cada época y lugar; terminó su trenzado de pelo.

En diferentes épocas la pérdida del cabello era concebida como la pérdida de la vida.

Mientras colocaba un lazo en la trenza recordó a Calipso, conocida como: la de las bellas trenzas; que como cuyo nombre indica, lucía unas largas trenzas y destacaba por su belleza y su armoniosa voz. Pensó en que el cabello ha tenido un papel importante en las historias mitológicas y numerosas veces ha sido símbolo de belleza y poder.

Pensó en respirar las entrelíneas y los silencios. Decidió empezar a vivir y así, frente al espejo, corto la bella trenza.

 

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Márcia Batista Ramos, nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidade Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Radica en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Editora en Conexión Norte Sur Magazzín Internacional, España. Columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y Columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, Mandeinleon Magazine, España, Archivo.e-consulta.com, México, Revista Barbante, Brasil, El Mono Gramático, Uruguay. Además, es colaboradora ocasional en revistas culturales en catorce países (Rumania, Bolivia, México, Colombia, Honduras. Argentina, El Salvador, España, Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, USA, China, Nepal, Uzbekistán, Paquistán, Arabia Saudita). Publicó: Mi Ángel y Yo (Cuento, 2009); La Muñeca Dolly (Novela, 2010); Consideraciones sobre la vida y los cuernos (Ensayo, 2010); Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX (Esbozo Biográfico, 2011); Tengo Prisa Por Vivir (Novela Juvenil, 2011 y 2020); Escala de Grises – Primer Movimiento (Crónicas, 2015); Dueto (Drama, 2020); Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad –Violencia Contra la Mujer. (Ensayo, 2020); Universo Instantáneo (Microficción, 2020).