• 17 de Junio del 2024
TGP

Y Dios no llega

 

 

Márcia Batista Ramos

“Cada guerra es una destrucción del espíritu humano”.

Henry Miller

El día empezó con sol y frio, en algunos lugares continúa la guerra y en otros lugares aun no empezó la guerra con nombre de guerra. Es extraño, el cielo azul esmalte, el sol fuerte y el frio congelante, haciendo una trilogía de la naturaleza que a nadie le importa. Pero a mí me importa, porque días atrás, las aguas destruyeron casi todo, como una especie de bomba climática que cobró vidas y patrimonio. Trabajar para limpiar los destrozos, se trabaja. Reconstruir nuestra patria gaucha, se la reconstruye. Luchar es el alma del gaucho. Pero el mañana no es para todos, está reservado para aquellos que sobrevivan al enemigo.

 Sun Tzu dijo que «El arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar». Por esa táctica es que nos atacaron con lluvias, granizo gigante y huracán. Sin decir nada nos atacaron. Sin mostrarse nos atacaron. El enemigo es cobarde, no da la cara para que con una daga se le corte el cuello, como en las guerras de hombre a hombre que están registradas en nuestra historia.

Por la historia es que sabemos que las guerras son miserables y las miserias de la postguerra son casi de no tener fin, porque las ausencias son presencias dolorosas. Para empezar, todos pierden los nervios en la guerra y así mutilados con otro temple, tienen que enfrentar las carencias que las guerras generan. Empezando por los suyos que perecieron, luego los cuerpos amputados que sobreviven y que tienen que seguir luchando en un día a día desdichado, tratando de convencerse que la vida vale el precio cobrado.

Las guerras cobran muy caro el precio de nuestras ínfimas existencias. No tengo palabras. Tengo un fuerte dolor de cabeza. Duele, duele porque hay una razón, ahora sé que los cohetes de largo alcance no son los únicos que pueden estallar sobre nuestras vidas, también las armas climatológicas pueden destruir rápidamente, porque el mundo es un niño pequeño.

Los niños están muriendo desangrados, ahora mismo, en varias guerras y los dueños del mundo aparecen en las noticias, bien vestidos, como si fueran hombres bien educados y sensibles, caminan por pulcros salones haciendo una mueca cruel de triunfo.

El triunfo de unos es la desgracia y la muerte de otros. Hay quién diga que eso es normal y que siempre fue así. Por eso ahora las Alinoshkas e Irinias están haciendo maletas para emigrar para los países del sur. Están huyendo asustadas de su ciudad. Otros están guardando alimentos en sus pasillos y sótanos. El contaje regresivo avanza y la guerra mundial que está ocurriendo sin el nombre de tercera guerra, garantizará que el viejo mundo se transforme en un lugar oscuro y polvoriento.

Del polvo se levantan andrajosos, los sobrevivientes en las guerras. De la lama se levantan, como anfibios, los Farrapos, mi gente trucidada por culpa de una guerra ideológica que los medios aún no admiten. Y Dios no llega.