• 16 de Julio del 2024
TGP

La historia oculta de la autosuficiencia alimentaria ¿Dónde está México?

 

 

Ricardo Martínez Martínez

@ricardommz07

 

El progreso humano es impresionante, pero a menudo olvidamos cómo llegamos a él.

Corría la mitad del siglo XIX y Europa pasaba hambre. Sus suelos estaban erosionados y su producción agrícola menguaba. Una solución vino entonces del otro lado del mundo, específicamente de las costas de Perú y Chile. Científicos descubrieron que el guano, la acumulación masiva de excremento de murciélagos, aves marinas y focas, era rico en nitrógeno, amoniaco y salitre, elementos indispensables para aumentar la productividad de los suelos y, por tanto, de los alimentos.

De Tarapacá y, luego de Antofagasta, donde la naturaleza generó grandes reservas, comenzaron a salir enormes cargamentos de guano que, en breve tiempo, alejaron el fantasma del hambre de Europa.

Pero no era suficiente. El mundo iba encaminado a requerir nitrógeno en cantidades industriales para mantener su crecimiento y la productividad de sus tierras. Había que lograr una solución artificial. Esta llegó hacia 1913, en los albores de la Primera Guerra Mundial, gracias a la primera planta de síntesis de amoniaco del mundo, la cual empezó a funcionar en Oppau, Alemania.

Es importante hilar cabos, ya que la síntesis del amoniaco necesario para producir fertilizantes nitrogenados depende ahora en gran medida del gas natural como fuente de hidrógeno. ¿Y de dónde se obtiene el gas natural? En esencia de yacimientos naturales, principalmente en pozos petrolíferos.

Hoy en día, el amoniaco, según Vaclav Smil en su ilustrativo libro "Cómo funciona el mundo: Una guía científica de nuestro pasado, presente y futuro", es uno de los cuatro pilares de la civilización moderna. Sin su uso como principal fertilizante nitrogenado (directamente o como materia prima para la síntesis de otros compuestos nitrogenados), sería imposible alimentar a entre un 40 y un 50 por ciento de la población que habita este planeta. Dicho de manera simple:  cerca de cuatro mil millones de individuos no estarían vivos si no fuera por el amoniaco sintético.

Puesto en perspectiva, de acuerdo con el Foro Económico Mundial, el amoniaco desempeña un papel vital en la agricultura y la cadena mundial de suministro de alimentos. Según las Naciones Unidas, la población mundial sigue creciendo y alcanzará los 9 mil millones en 2050. Para entonces, en la misma superficie terrestre, se espera que la demanda de producción de alimentos aumente en un 60%.

En lo que respecta al tamaño del mercado de amoníaco, se estima que alcanzará 188,44 millones de toneladas en 2024, y 206,80 millones de toneladas en 2029. El sulfato de amonio es en México uno de los fertilizantes más usados en maíz, trigo y arroz, cultivos que son de seguridad y soberanía alimentaria y en los que nuestro país es altamente deficitario, ya que se importa el 45 por ciento del maíz que se consume, el 63 por ciento del trigo panificable y el 82 por ciento del arroz.

Estamos entonces ante un tema de autosuficiencia alimentaria. ¿Cómo lo ha abordado México? De manera un tanto titubeante, dado la importancia estratégica de este asunto. México cuenta actualmente con cuatro plantas de amoniaco en Cosoleacaque, pero en los últimos años solo se ha operado una de ellas. Está planeado que Pemex las rehabilite, pero estas operan por debajo de su capacidad debido a la falta de mantenimiento y gas.

México, en vías de lograr su autosuficiencia alimentaria, debería contemplar de manera seria y comprometida todas aquellas acciones en materia de política pública que garanticen la autosuficiencia alimentaria. Dependemos del amoniaco, pero también contamos con la capacidad de Pemex para producirlo de manera artificial.

No es un asunto baladí, toda vez que se cierne sobre nuestro país, no solo domos solares, sino también crisis energética y, si no nos avocamos a ello, quizás también una crisis alimentaria.

Se trata, sin embargo, de aspirar en cierta medida a la creación de un futuro mejor a través de esfuerzos concretos y planificación estratégica, lo cual es esencial para lograr un progreso sostenible y significativo. ¿Lo lograremos? ¿Los próximos dirigentes del país se avocarán a ello? Ya lo veremos. Mientras tanto, visibilicemos y actuemos.