• 07 de Junio del 2023

Sinatra forever

 

 

Aldo Fulcanelli

 Si alguien supo dominar el escenario y hacer de este último, el cuadrilátero de su existencia; ese fue el cantante Frank Sinatra (1915-1998). Biografiado, enaltecido por el cine y la jet set, Sinatra consolidó una trayectoria musical a partir de su enorme calidad vocal, la elegancia personal y el buen gusto, aunado a la elección de grandes orquestas; mismas que le acompañaron a todo tiempo en sus presentaciones. 

Habiendo iniciado su trayectoria a finales de los años 30’s, la voz de Sinatra engalanó una época brillante, acompañado por el alma incesante de los centros nocturnos, y la inseparable luz de las marquesinas. Aquella voz de fenomenal fraseo y vibrato único, no dejaba de sorprender a las jovencitas, que ya se empujaban peligrosamente en las calles, solo por el reflejo de los azules ojos de aquel joven cancionero.

Tras su paso como vocalista de las orquestas de Harry James y Tommy Dorsey, Sinatra fue abordado por el éxito, las adicciones, y una soterrada vinculación a la mafia, que le acarrearían problemas de por vida. El smoking, o el cigarro con boquilla, además del ademán desenfadado que le caracterizó, fueron una constante en la trayectoria de Sinatra, destinado irremediablemente; a ser una de las figuras icónicas de la música popular del siglo XX.

La voz pastosa que pareciera susurrar al oído, entonó sin cesar las canciones de Gershwin, Porter, Berlin o Carmichael, entre muchos otros grandes compositores, cuyos apellidos están escritos con letras de oro en la historia de la música. “La voz” le cantaba al amor,  con la recóndita emotividad de un ser, que abrazó las letras de las canciones, y cuyo portento estalló al lado de las big bands; de ahí a la eternidad. Ya en los años 50’s, las presentaciones de Sinatra fueron a la suerte elevaciones artísticas, seguidas con fervor por multitudes enteras de fanáticos.

Eran los tiempos de las fiestas interminables en Las Vegas, cuando Sinatra comandaba ya el “Rat Pack”, la célebre banda de artistas y “Bon vivants”, integrada primordialmente por Sammy Davis Jr., Dean Martin, Peter Lawford y Joey Bishop. La “Pandilla salvaje”, compartiría shows en vivo, francachelas y mujeres, a la par de una fama proscrita para la sociedad, pero palpitante para la jet set de su tiempo.

La excesiva forma de vida de los “Rat Pack”, influiría en las creaciones artísticas de los integrantes, quienes pasaban de la fama al escándalo, y las intrigas palaciegas de la política. Luego de la victoria del entonces candidato John F. Kennedy, correspondería a Sinatra y Peter Lawford, la producción de algunos eventos y celebraciones a su favor, con la clara intención de mantener sus favores políticos. Sinatra se la habría jugado con Kennedy, no solamente de manera presencial en su campaña, sino también; con un despliegue importante de recursos económicos.

La relación entre Sinatra y Kennedy, fue más allá de la amistad, para trasladarse al campo de los secretos familiares y sexuales, es probable que Sinatra, utilizara a Marilyn Monroe como correo, para extraer información del entonces Presidente de los Estados Unidos; aprovechando las relaciones amatorias de esta última con la cabeza del clan más poderoso de América.

Pero las relaciones de Sinatra con los capos de la mafia ítalo-estadounidense, le acarrearían problemas graves. El intérprete, fue llamado una y otra vez a declarar por los nexos con Sam Giancana, líder de la mafia de Chicago, relación que jamás negaría. Pero el tiempo de los martinis, el swing y las chicas rubias, se prolongaría por más horas para el genial cantante de los ojos azules. Su incursión en el cine sería igualmente exitosa, tanto como los negocios del bajo mundo, todos quería un poco de la gloria de Frankie, pero nadie lo rebasó.

El rey indiscutible del escenario, sabía cómo erizar la piel de los escuchas con aquellas actuaciones de campeonato, acompañado por la orquesta de Count Basie, el humo del cigarrillo desbordado, y el porte fino que lo caracterizó. Frankie cantaba y conmovía. Lo mismo una balada jazz, un swing grandilocuente, o alguna vieja canción latina, igual que algún bossa nova, acompañado a la suerte, por la guitarra y la voz recóndita de Antonio Carlos Jobim; otro grande.

Se corre el telón, en la escena aparece Frank Sinatra. El legendario hombre, el monstruo sagrado de los escenarios. Resistió el amor, la vida y a sí mismo, resistió su tiempo, y salió triunfante diciendo: “the record shows i took the blows -and did it my way”. Nadie, nadie lo dijo como él. Ni Elvis, ni Tom Jones lo harían, pero “La voz”, se despidió lentamente de la vida, con aquellos ojos azules que miraron la eternidad como ninguno. El epitafio se escribió en vida, y como fondo, los viejos barrios italianos de América, en la trastienda, y de ahí, a todos los reflectores posibles e imposibles. Ahí, donde nadie se atrevió a llegar, allá estuvo por siempre, Frank Sinatra.