• 26 de Septiembre del 2021

Toda ella

Banes Moda y Photo Fancy

La felicidad es una adquisición.                   Facundo Cabral

 

Es de un amarillo huevo que me enloquece, bien escotado y con muchos volantes al frente. Apenas hace unos días llegó con lo nuevo de la temporada y lo pusieron de muestra en el aparador. Ya me veo, toda ella, metida en sus plieguecitos de la cintura con los brazos al aire y las piernas de fuera. Me van a quedar al descubierto desde el muslo para abajo y voy a poder lucir el tacón de aguja. Cuánto me voy a revolear entre las mesas brindando con todos por mi cumpleaños.

      Nada más completar mi jornada en el Centro Joyero, los pies me vuelan para llegar a montar guardia frente al escaparate donde exhiben el espectacular vestido. Una semana entera me siento con el atrio de Santo Domingo detrás y una vendedora de estampitas por compañera de banca. Al principio, la buena señora me ofrece toda clase de venerables imágenes, pero si no le agarro un San Juditas encapsulado no es por hereje, sino por sospechar que mi causa no es asunto de su menester. Al cabo de tres días la mujer se olvida de los sermones, resignada a contemplar mi arrobamiento en lo que le hinca el diente a un volován de atún. “Las penas con pan son menos”, me dice acercándome el pan para que le dé una mordida.

      Desde ese lugar privilegiado admiro a mis anchas la prenda de mi devoción: el vestido amarillo de la Barbie Malibú ─igualito al de la muñeca que nunca me quiso prestar la odiosa hija de la miss de matemáticas─, pero en mi talla. Las manos me sudan al verlo colgado en su pedestal de plástico negro, ondeando ligeramente al pasar de las clientas, cuando de pronto llega una mocosa desnalgada que a como dé lugar quiere medírselo. La piel se me pone como papel encerado y se me abre un hueco grande entre el esternón y las vísceras. Son los diez minutos más largos de cuantos dura la espera. Muerdo el volován de la ruca, entro en pánico y empiezo a caminar en círculos. Al final, la escuincla sale del probador a pedir que le enseñen otros vestidos, porque ése le queda guango. Mi prenda amada regresa al sitio de honor en la vitrina.

      Todos los días en punto de las ocho apagan las luces de la tienda. Entre el ir y venir de los vendedores veo descender la cortina de acero a manos de la empleada, que se pone de puntitas con su bolsa prensada entre los dientes y la baja a golpe de pujido. Empuja los pasadores con los pies, se agacha a cerrar los candados, y se esfuma del brazo de un galán sin sospechar que el corazón se me va arrugando despacito por el desconsuelo. Luego la calle se queda vacía y me alejo tristeando para soñar con el objeto de mi deseo, que duerme sano y salvo al otro lado de la vidriera, esperándome como una bendita promesa de amor.

      El sábado llega en remedio de mis tormentos. En cuanto tengo en mi poder el sobre con el pago de la semana, echo carrera para comprar por fin el vestido. Ahí va la empleada a bajarlo con mala cara para, nomás quitarme los cuatrocientos cincuenta pesos que vale, hacerlo bola y meterlo en una bolsa de papel. La cajera me mira burlona, pero no me importa. Yo salgo deprisa en dirección a mi casa para iniciar el ritual de embellecimiento: depilación con cera, pantimedia de red, rimel súper oscuro con factor de alargamiento y postizo en el pelo, mientras Luis Miguel se desgañita en boleros al fondo de mi recámara. El humo del cigarro se me mete en los ojos, acomodo las conchitas de silicón en las copas del bra, me meto en la faja y hoy, fiesta en el Franco’s.

      Aparezco en la sala hecha una muñeca impecable, con las uñas perfectas al tono del labial y las cejas oscurecidas con crayón. Mi perfume deja una estela de gran diva en el corredor: soy la mismísima Barbie Malibú, me convenzo al ver la figura reflejada en el ventanal. Mi padre asoma los anteojos por el horizonte de su inseparable periódico, me hace un ademán de despedida y respondo con un “te quiero, pá”. Mi madre, en cambio, me mira con embeleso. Lanza un beso sopladito para no arruinarme el maquillaje y dice: mírate nomás José Felipe: te ves preciosa, mientras salgo radiante y meneadora, enfundada en el vestido amarillo más lindo que hay.

 

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Twitter: @mldeles

 

De la Autora

He colaborado en el periódico Intolerancia con la columna "A cientos de kilómetros" y en la revista digital Insumisas con el Blog "Cómo te explico". Mis cuentos han sido publicados en las revistas Letras Raras, Almiar, Más Sana y Punto en Línea de la UNAM y antologados en “Basta 100 mujeres contra Violencia de género”, de la UAM Xochimilco y en “Mujeres al borde de un ataque de tinta”, de Duermevela, casa de alteración de hábitos.

He sido finalista del certamen nacional “Acapulco en su Tinta 2013”, ganadora del segundo lugar en el concurso “Mujeres en vida 2014” de la FFyL de la BUAP, obtuve mención narrativa en el “Certamen de Poesía y Narrativa de la Sociedad Argentina de Escritores”, con sede en Zárate, Argentina y ganadora del primer lugar en el “Concurso de Crónica Al Cielo por Asalto 2017” de Fá Editorial.

He participado en los talleres de novela, cuento y creación literaria de la SOGEM y de la Escuela de Escritores del IMACP y en los talleres de apreciación literaria del CCU de la BUAP.