• 26 de Septiembre del 2021

Niños migrantes enjaulados, también con Biden

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Los últimos 4 años, en Estados Unidos se vivió la era de un “mini Hitler”, en la que los ataques raciales y discriminación contra las comunidades de color y minorías pasamos por una etapa de asfixia.

 

Si la Unión Americana no tuviera unas cuantas leyes que protegen a nuestra comunidad, las elecciones hubieran sido muy diferentes.

Puedo compartir que, por primera vez en 4 años, finalmente muchos activistas, al igual que la comunidad, pudimos respirar y tener un momento de descanso, después de saber los resultados de las elecciones.

Y aunque la mayoría celebramos la victoria de Joe Biden, todos los activistas sabíamos que sería un alivio temporal, mientras sacamos al “mini Hitler” de la Casa Blanca.

Este 23 de febrero, en una conferencia de prensa, Jen Psaki, portavoz presidencial, tomó preguntas y confirmó que el Homestead Center, para la detención de niños migrantes, se reabrirá.

Este centro fue cerrado en agosto de 2019, después de los debates del Partido Demócrata.

Este centro también tiene historial de abuso sexual, por parte de los guardas y trabajadores, contra los niños y menores. Tiene historial de estar en condiciones insalubres y, si algo no me sorprende, es saber que es uno de los muchos centros de detenciones cuyos propietarios son compañías privadas.

En 2018, después de que los estadounidenses se dieran cuenta de la Cero Tolerancia, bajo la administración de Donald Trump, cuando separaban a los menores de sus padres y los llevaban a un confinamiento enjaulados, me tocó acompañar a un grupo de anglosajones de una organización nacional, que representan a aliados de mayoría demócrata, a reunirnos con el congresista de nuestra ciudad.

Ellos muy molestos porque su congresista no había salido públicamente a defender a los menores y la injusticia, por parte de su presidente, demandaron que el congresista fuera a la frontera a visitar los centros de detenciones.

Les seré honesta, para mí esta junta no sólo fue una junta donde me di cuenta que mis palabras se las llevó el viento, pero fue una realización, que lo que a las personas que fueron a esa reunión en realidad no querían escuchar ni demandar una verdadera solución.

En la ciudad donde vivo, hay un lugar donde niños migrantes y juveniles reciben albergue.

Aquí los niños vienen a tomar clases y si viven con una familia que los patrocine, ellos pueden salir del centro, pero si nadie los reclama, viven su vida dentro de este centro, hasta llegar a sus 18 años de edad, cuando serán deportados a su país de origen.

Si la mentalidad es como la del ex congresista y las personas que estuvieron en esta junta, ellos se convencerán que es mejor tener esos centros en estados, disque progresistas, para que los menores reciban mejor trato. Pero la realidad es otra.

Como lo dije en esa reunión, el problema son todas las personas, incluyendo el gobierno, que aporta millones de dólares para que estos centros sigan en pie.

Pero no hacen nada para reunificar a los menores con sus padres o familia, pues usualmente los centros de inmigración son propiedad privada.

Quiere decir que inversores privados ponen dinero para crean centros en los que, aparentan, hacer obras de caridad, pero las ganancias y dinero que cada centro se lleva, nadie lo puede imaginar.

El año pasado, una persona dueña de una agencia para servicios de cuidados de ancianitos se acercó a mí. Sabiendo que lideraba una organización que aboga por derechos de la comunidad indocumentada en la ciudad de Yonkers, me pidió apoyo para que lo conectara con una persona de cargo de gobierno, ya que él estaba tratando de aplicar para un fondo por el estado de Nueva York, para instituciones que albergarán a niños migrantes.

Creo que no estudio nuestra organización, ya que, si se hubiera dado cuenta, nuestra organización está en contra de todos los centros de detenciones y, por experiencia propia de mi familia, me he dado cuenta que el negocio creado por estos centros exprime los bolsillos de las familias que tienen una persona detenida, mientras los dueños de corporaciones y compañías se llenan los bolsillos, bajo la manera de separaciones de nuestras familias.

Si no fuera poco pedirme que lo conectara con un oficial electo, también me dio la oportunidad que trabajáramos juntos para calificar para este fondo.

Por más coraje y ganas que tenía de reventar, lo escuché y lo dejé compartir su idea. Me dijo que no tenía ningún centro, pero por eso necesitaba que el político lo apoyaría para poder abrir uno.

Me dijo que el fondo era de 10 millones, por darle albergue y cuidar de 10-15 menores. Nunca se me olvidará el valor de cada niño. Cada niño que este gobierno prefiere invertir en tenerlos enjaulados y no necesariamente reunificarlos con su familia, porque al final del día vale más un niño dentro de una cárcel, que afuera y en libertad.

Así que mientras esta nueva administración nos endulza los oídos con la reforma migratoria, las deportaciones continúan, los niños seguirán enjaulados y el dinero se utilizará para seguir separando a familias y rompiendo muchas vidas, con el propósito de mantener a los ricos con sus bolsillos llenos de dinero y lágrimas de los demás.

 

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Diana Sanchez, quien nació en Tehuitzingo, Puebla, México, vive desde los cinco años en la Unión Americana y es el líder migrante en Estados Unidos.

Se describe como Community Organizer, Mexican Folk-dancing and Instructor and Activist.