• 25 de Julio del 2021

Restauran de retablo del Templo michoacano

La iconografía indica que los franciscanos siguieron una temática apocalíptica en su ordenación en el siglo XVI

La restauración del retablo principal del Templo de Nuestra Señora de la Asunción, en Santa María Huiramangaro, considerado uno de los de estilo plateresco más antiguos en esta entidad, concluyó en su primera etapa, con la participación de la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Los trabajos sobre este bien mueble asociado –de 7.53 metros de alto y 6.30 de ancho– se centraron en la atención del sotobanco, predela, ocho columnas, ocho trascolumnas, cuatro entrecalles, un nicho central y un entablamiento que, en conjunto, forman el primer cuerpo.
El proyecto, informó la restauradora del Centro INAH Michoacán, Laura Elena Lelo de Larrea López, se remonta a 2014, cuando fue necesario desmontar el retablo principal para atender un desplome de 30 centímetros que presentaba el muro testero del templo.
Una vez a nivel de piso, se sumaron esfuerzos entre la sociedad civil y los tres niveles de gobierno, a fin de intervenir cuatro pinturas de caballete con las representaciones de los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, cuyos daños principales eran repintes de capa pictórica, áreas con pérdida de policromía original y un barnizado antiguo que las oscurecía.
Tras finalizar la restauración de las pinturas, en diciembre de 2017, se emprendieron las acciones sobre la parte baja del retablo –sotobanco, predela y primer cuerpo–, cuyas afectaciones, no obstante que su estructura guardaba buen estado de conservación, consistían en daños causados por insectos xilófagos sobre algunas molduras, cornisas y tallas ornamentales, así como un repinte general que ocultaba su acabado original.
A inicios del siglo XX, detalla la especialista, el retablo fue pintado de blanco y dorado, y durante esta restauración se recuperó parte de la policromía y hoja de oro originales y, a su vez, en el área de la predela se sacó a la luz pinturas de los cuatro doctores de la Iglesia católica: San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Agustín, junto a Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.