• 13 de Junio del 2021

El derecho (británico) a estar solo

Man / anaterate/Pixabay

 

El puritanismo británico guarda relación estrecha con ese individualismo exacerbado, y su contrapartida: la hipocresía

 

 

Alberto Ibarrola Oyón

 

Escritor y colaborador de la Asociación Navarra para la Salud Psíquica

Desde la Inglaterra profunda, el derecho a estar solo supone una de las aportaciones británicas a la civilización occidental y a la cultura de masas, como el cine de Hollywood, con títulos míticos como Sólo ante el peligro, por ejemplo, o tantos otros filmes policíacos o del salvaje oeste en que un individuo soluciona el conflicto de la comunidad o incluso del país.

Existen también versiones inverosímiles de un soldado de élite o un agente de los servicios especiales que abate solo a ejércitos enteros de comunistas (durante la Guerra Fría), a comandos de terroristas yihadistas o a la mafia del narcotráfico o de otras actividades delictivas.

También existen películas y novelas en que un individuo especialmente dotado intelectual y éticamente consigue, a pesar de recibir enormes presiones, que se haga justicia en el contexto de una administración corrupta.

Por otro lado, el puritanismo británico guarda relación estrecha con ese individualismo exacerbado, y su contrapartida: la hipocresía, también típicamente británica. La palabra ´single` contiene semas o connotaciones aceptados por la sociedad británica como positivos.

El Brexit demuestra que esa tendencia a la soledad pertenece a la idiosincrasia británica, la cual tal vez provenga del carácter insular de su geografía. Que se haya permitido el ejercicio del derecho de autodeterminación para los territorios que conforman el Reino Unido responde también a esa mentalidad.

En el Estado español, en cambio, si descartamos zonas del norte de la península, como Euskadi, vemos que se ha tendido a la vida social intensa, al grupo numeroso, a la vida en la calle, con una gran consideración por la amistad y con una supervaloración de las compañías.

En España se reconocían dos tipos de solitarios: un hombre muy importante a quien se le supone gran capacidad de reflexión, o el considerado como loco y endemoniado y juzgado con enorme frecuencia por la Inquisición. Esto permanece y en la psiquiatría de la Seguridad Social española se sigue tratando a las personas que tienden a aislarse como afectadas por un problema mental grave.

Tal vez este carácter hispano represente una de las causas principales de que el coronavirus se haya cebado con la población española. Hasta hace muy poco, cobardemente las cuadrillas se mofaban de los transeúntes que caminan solos por la calle o de quien se toma sin compañía un pote en un bar, las manadas de machos alfas agredían sexualmente a chicas solas (como ocurrió en los Sanfermines) y el acoso escolar y laboral se producía como un abuso del grupo a un compañero sin apoyos.

No obstante, el miedo a la soledad de gran parte de nuestros jóvenes ha conseguido que el coronavirus se haya expandido preocupantemente, con graves perjuicios para la salud pública y para el empleo y la economía. Y, sin embargo, en cuanto apareció la evidencia de que estábamos frente a una pandemia, se debería haber interpelado a todos los miembros de la comunidad de estudiantes para que emprendiesen una etapa de estudio más solitario.

Tal vez en esa soledad estudiosa hubiesen descubierto el placer de la reflexión introspectiva que conduce al autoconocimiento, imprescindible para madurar y para convertirse en personas inteligentes y conscientes.

La soledad indeseada puede provocar problemas psicológicos menores, de acuerdo: tristeza, ansiedad, sentimiento de pérdida, etcétera; pero el sentimiento de culpabilidad de haber provocado la propagación de un virus mortífero, causante del confinamiento, la enfermedad y la muerte de personas cercanas (en muchos casos en soledad y sin que puedan despedirse de sus allegados) y de una grave crisis económica cuyas consecuencias sufriremos toda la sociedad durante lustros, puede resultar letal para la estructura de la psiquis, ya que en la medida en que vayan madurando, estos jóvenes tomarán mayor conciencia de su gravísima irresponsabilidad.

Por otro lado, la soledad elegida resulta muy bella, tanto más cuanto que potencia la creatividad. Filósofos como Arthur Schopenhauer opinaban que estar con supuestos amigos no es más que una pérdida de tiempo.

El aislamiento no es recomendable, desde luego, pero ahora toca aprender a relacionarse de otra manera porque nuevas pandemias nos acechan en el horizonte si seguimos comportándonos del mismo modo. Quizás así aprendamos a valorar más a las personas que realmente nos deben importar, sobre todo a la familia.