• 30 de Enero del 2023

Seis poetas jóvenes, seis poemas

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Leonel Robles

Desde mediados del siglo XIX, hay un crecimiento sostenido de la poesía mexicana y una tradición creadora

  

Por fortuna, México es un país de poetas. El único Premio Nobel de Literatura con que cuenta nuestro país, Octavio Paz, es un poeta. La Décima Musa, Sor Juana Inés de la Cruz, es mexicana y es poeta. Así pues, no es de asombrarse que la tradición poética en México tenga hondas raíces sino que, además, sea rica y diversa.

Desde mediados del siglo XIX, hay un crecimiento sostenido de la poesía mexicana, una tradición creadora, una autonomía y originalidad que México no ha logrado en muchos campos (artísticos, intelectuales, científicos, económicos, deportivos). No hay razón alguna para suponer que esta tradición vaya a interrumpirse. La abundancia, la juventud, cierta falta de oficio, algunos cambios de gusto, la dispersión de grupos y publicaciones, hacen confuso el panorama. Pero de la abundancia quedarán las excepciones, el tiempo corre, el oficio se adquiere: la confusión oculta una explosión de salud, se resalta en la Enciclopedia de la literatura en México.

Hace 41 años (en 1980) Gabriel Zaid publicó su ya célebre Asamblea de poetas jóvenes de México. Se trataba, él mismo se vio en la necesidad de aclararlo, de una «asamblea» y no de una «antología»; según el diccionario, una reunión numerosa de personas convocadas para algún fin, y no una colección de piezas literarias escogidas y de autores dignos de ser destacados.

Zaid incluye a 164 poetas, que ya habían publicado algún libro personal o que estaban incluidos en volúmenes colectivos o se habían dado a conocer en revistas o suplementos culturales. A todos ellos los representó con un solo texto o con algunos breves fragmentos para que la muestra fuese compacta y no hiciera crecer el número de páginas. En el momento de aparecer la Asamblea, los poetas de mayor edad tenían treinta años; el más joven o, mejor dicho, la más joven, tenía dieciocho años.

El mismo Gabriel Zaid informa que al primero de enero de 1980 había en México unos seiscientos poetas nacidos después de 1940. De estos seiscientos aproximados se tenía entonces datos de 371 con nombre y año de nacimiento; 178 con nombre y estimación de ser menores o mayores, y unos cincuenta y uno sin nombre y por estimación. El convocador de la Asamblea localizó e invitó, por escrito, a 174 menores de treinta años y mayores de diecisiete, de los cuales únicamente diez no respondieron.

No tengo a la mano estadísticas, ignoro si las haya, de cuántos poetas menores de 30 años existen en estos momentos en México. Sé que es un universo poético en expansión, donde el punto de convergencia está en todas partes y a la vez en ninguna.

Aquí presentamos seis voces, seis poetas que forman parte de un estadio mucho más extenso y variado donde la poesía escrita por mujeres, es una singularidad de este siglo, se alza para cimentar una ruta reciente en nuestras letras, ruta que hasta hace poco estaba aislada, frágil, inhibida, pero que ahora, abandonando el canto intimista y de amorosa candidez, sigue la tradición de Sor Juana, Rosario Castellanos, Margarita Michelena, Coral Bracho…

Seis voces que son una evaluación de la creación poética en México, donde lo mismo aparecen las voces que se han refugiado en la academia, quienes desarrollan su talento en los talleres literarios o bien los que siguen practicando la tradición de «lobos solitarios» , alejados de cualquier grupo o capilla gansteril. Seis voces que deciden levar anclas en este espinoso mundo de la poesía mexicana.


Sandra Sarabia Jasso


Él es mar

Se envuelve entre mis pupilas
y llena el iris,
deja el alba sin aliento
y las aves felices de acompañarlo.
De pie ante él
veo sus olas moverse de un lado a otro.
¿Será que tiene a quién dedicarlas, como yo le dedico las tardes?
Llega el viento y pasa sobre su cuerpo,
se cae ante sus espectadores
y cada que lo veo
hay algo nuevo: tan simple, tan puro.
Ojalá algún día entre aves,
barcos y su azul profundo
se detenga a mirarme,
a mirar al humano
que no busca hacerle daño.
A escuchar mi silencio
a descifrar que lo quiero
pero él es mar…
y pasa tanto en su interior
y tiene tanto dentro de él
que prefiero quedarme en la orilla
pisando la arena
sin hacer nada
sólo mirarlo.


Gabriel Goca


Carta a un pintor

Como si el cielo
del mar fuese un espejo
el viento trae consigo
burbujas que flotan en el aire
y sueñan un tiempo infinito.

Sin embargo,
tiritan las estrellas
en el océano profundo,
mis miedos yacen en la arena
porque en ella me abduzco.

“Como más allá del azul,
-Diría Darío-
…Está el amarillo,
Más allá de la poesía
El amar y ya”.

Pero yo no veo colores
apenas soy una sombra
reflejada en la playa negra,
Alguien que soñó
con un nido de hormigas
y las recuerda en libertad.

El tiempo pesa,
aunque no lo suficiente

para vencer la gravedad.

Soy el olvido de un olmo seco
que trató de adornar el cielo
que se extendió
a través del firmamento
e intentó marcar un nuevo límite
entre el norte y el sur.

Escuché dentro de crisálidas esferas
una repetitiva condena,
solitaria, dolorosa y eterna
que me atormentó dos siglos más.

Cegador silencio
de la tierra y el recuerdo,
ya no soy un árbol,
ahora soy una mosca
que sueña con ser humano

soy…
¿Quién soy?
El surrealismo soy yo.


Araceli Amador Vázquez


Fragmentos de mujer

Son las manos el gozo
de su cuerpo la vida.
Es el puño glorieta
y sus dedos caminos.
Son los tallos palabras
las que entintan mis calles.
Es un mar hecho nube
el cigarro que lleva.
Es un llanto inocente
el que enguanta a sus ojos.
Una dulce mirada,
un recuerdo ya viejo.
Es la seda de polvo,
una gota de tierra.
Es anillo de plata
el amor que se fue.
Es un labio desnudo
el silencio en el campo.


Sangui A. S


Tu Universo


Hermosas estrellas conforman tus ojos
Y yo soy un képler tomándoles fotos
Tus labios cometas cumpliendo deseos
Creaste planetas a todos mis «yos»
Y tus asteroides que extingues mis miedos
Anillos de Urano llevamos en dedos
Tu luna me alumbra en oscuros momentos
Construye tu ser horizontes de eventos
Capaz de quebrar el espacio y el tiempo
Tú amor es diez mil supernovas perfecto
Que explotan de afecto dejando recuerdos
Me quiero quedar atrapado en tus brazos
Agujero negro que curva el espacio
Sonríes y es Alfa centauri brillando
Tus cúmulos dan «no se que» algo cósmico
Creas gravedad y me siento atraído
Materia energía es por ti que yo vivo
Caricias de estrellas que surcan los cielos
Y ni el monte Olimpo compara a tus besos
Orión tiene envidia al mirar nuestros sueños
Me das una estrella fugaz con tus manos
Tú tienes galaxias lejanas, misterios
Me vuelvo astronauta, zarpé a conocerlos
Tal vez no te puedo dar, él universo
No lo necesitas, tú eres más que eso.


Yeudiel Arvizu


Alegoría del aire


Dunas de aire se esparcen sobre la arena
Montañas de aire, se crea la cordillera
Anúnciame del viento cantera de guirnaldas
Para entonar lo que anuncia la pradera
Quimera soy sin tus guijarros de plata, noche celadora,
Mana sobre mi magia, lo que atestigua el agua
Para ser meseta y rio, tempestad y suspiro
Inspiro de turquesa, que de tu gracia sea la presa
No contengas tu vuelco gitana imperecedera


Rebeca Atayde


Me gustas… humano


Me gustas febril y errado, en la cúspide de las pasiones y en lo hondo de la miseria, perdido en la tibieza de la duda y en tus momentos de lucidez. Me gustas, tanto con tu coraza, como en la desnudez de tu alma, ¿ya te lo dije? Me gustas frío, me gustas en brasas.
Me gustas risueño y bañado en lágrimas, en las nubes de ensueño, de fantasía, en la vida plana, me gustas frustrado y también anhelante.
Te lo digo tras ver tus flaquezas, oír tus quejas y acompañarte, tras caer de momento, impacientarme, pero quedarme:
Me gustas cuando tropiezas, cuando te pierdes y te enderezas.
Me gustas con voz temblorosa, tartamudo y parlante, me gustas con voz muda, con voz tajante.
Me gustan tú y tu pasado.
Me gustas incluso medio infante, con ojos enormes, símil de tus ademanes, cuando todo te es bello, cuando todo ves grande.
Por si no te lo he dicho, me gustas de grande, con tu dureza de viejo, con tus achaques.
Aburrido e insaciable.
Me gustas odiando al sistema, me gustas amando la tierra, me gustas odiando a la gente y amándola luego, te digo que me gustas incongruente, imperfecto, insondable e inquieto, te digo, hombre… Me gustas humano.