• 22 de Septiembre del 2021

Liz, René y Jesús, ¿quién es quién en el nepotismo?

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Una narrativa, desde la memoria de los veteranos activistas de la izquierda, poblanos y de la Ciudad de México, termina por explicar la presencia de Ana Elizabeth García Vilchis (Liz Vilchis) en las conferencias mañaneras, en la sección “¿Quién es quién las mentiras de la semana?”, a pesar de que no cuenta con las credenciales y las capacidades -a juzgar por su presentación de estreno-, para erigirse como sinodal de los medios de comunicación.

 

Esta versión concatena, desde hace muchos años, al hoy vocero de la presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, y al ex candidato derrotado a diputado federal, René Sánchez Galindo, también ex secretario de Gobierno del Ayuntamiento de Puebla.

(Antes de seguir, debo hacer una advertencia: este texto no hace ninguna discriminación, prejuicio o juicio de la persona en razón de género, sino es una narrativa sobre un dato harto relevante, que termina por impactar y sembrar dudas sobre las capacidades profesionales de la persona García Vilchis).

Hubo quién se preguntó ¿qué hace ahí la comunicadora, a pesar de no tener antecedentes que la llevarán como autoridad, siquiera moral, en la materia a cuestionar a los medios desde Palacio Nacional? La respuesta está en un tema de abierto nepotismo.

Sánchez Galindo, esposo de la persona que apareció el jueves pasado en la conferencia mañanera del Presidente de la República, y el vocero del Gobierno de México, Ramírez Cuevas, tienen una amistad muy sólida, que data de décadas, desde los años aquellos en que juntos coincidieron en luchas sociales.

El personaje con el que trabajaron y por el que se conocieron, aseguran las fuentes, fue José Agustín Ortiz Pinchetti, uno de los ideólogos fundamentales del lopezobradorismo.

Ramírez Cuevas estaba, en los tempranos años de la década de los 2000, en el grupo de jóvenes que trabajaban bajo las instrucciones del hoy titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales de la Fiscalía General de la República (FGR).

René en aquella época era uno de los defensores a ultranza del maíz en Puebla y antes había estado en movimientos de la defensa del petróleo, con Laura Itzel Castillo, hija del histórico líder de la izquierda, Don Heberto Castillo.

Eran los tiempos del PRD, cuando Morena no era siquiera proyecto, pero el lopezobradorismo era una realidad cada día más viva.

Eran la época de dos jóvenes idealistas: René y Jesús.

Las fuentes que nutren este relato aseguran que uno es, literalmente”, “valedor” del otro. Una amistad entrañable.

Aunque es raro que no lo presuman en redes sociales.

Es muy legítimo que cada quién escoja sus amigos, forme y defienda sus afectos. Las amistades así de sólidas se forjan al calor de muchas identidades comunes.

Sin embargo, para un encargo como el que tiene la persona que es esposa de René Sánchez Galindo deberían pesar los méritos profesionales, académicos y de trayectoria, por encima de cualquier otro ingrediente. Debiera ser lo fundamental a tomar en cuenta.

De no ser así, y que haya pesado para un nombramiento solamente una amistad, entonces es nepotismo.

Debiera haber sido (que complejidad de conjugación, pero es la adecuada) el peso profesional el que sobresaliera en ese encargo, también ahora como directora de Redes de la Coordinación General de Comunicación Social y Vocería de Presidencia.

Sin embargo, la narrativa de estas voces afianza la idea de que se privilegió el amiguismo, por encima de cualquier consideración de índole profesional.

El tema de sí es delicado y ya la periodista María del Carmen Aristegui Flores lo tildó como “un despropósito” del mismísimo Andrés Manuel López Obrador.

Peor todavía: en su estreno, García Vilchis cometió varios errores graves, en datos y apreciación, con lo que fue exhibida, por ejemplo, por Forbes.

Como colofón, para no dejar dudas y despejar cualquier acusación de violencia de género, aquí una de tantas definiciones de nepotismo, que se encuentran fácilmente en la red:

“Nepotismo.- Trato de favor hacia familiares o amigos, a los que se otorgan cargos o empleos públicos por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos”.