• 07 de Octubre del 2022

El cementerio de porcelana de Limoges

 

El turismo de cementerios es parte del producto cultural, y el modo en que entierran a sus muertos, refleja un aspecto importante de una sociedad

 

Márcia Batista Ramos

“Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche tiene el color de los párpados del muerto”.

Alejandra Pizarnik

En esos días de septiembre, caminar por el “Cimetière de Louyat”, el famoso cementerio de porcelana de Limoges y ver un área tan grande dedicada a los restos mortales, cuando dicen que los monumentos erguidos en el campo santo son en un homenaje a la memoria del muerto, me causa cierta confusión por la bola de sentimientos encontrados. Prefiero que me den las flores en vida. Asimismo, prefiero regalar una palabra bonita cuando me puedan escuchar o leer. Así, en la tumba, los siento huecos, distantes, ausentes…

Camino entre las tumbas del famoso cementerio de porcelana, ya que el turismo de cementerios es parte del producto cultural, y el modo en que entierran a sus muertos, refleja un aspecto importante de una sociedad. Algunos de los ausentes se hacen presentes en las fotografías impresas en porcelana. Camino mirando los retratos en sepia que intentan inmortalizar a los que murieron injustamente, como Camille Vardelle (1883-1905), trabajador de la fábrica de porcelana asesinado durante la huelga de trabajadores en Limoges en 1905. Cuentan que él miraba la manifestación cuando una bala perdida le arrebató la vida en sus escasos 19 años. Le asesinaron y erigieron una estela en su memoria en el Jardín de Orsay, en Limoges.  Una calle de Panazol lleva su nombre…  Siempre me repugna el cinismo de robar la vida y después, erigir monumentos.

Miro a la derecha y a la izquierda, veo las flores de porcelana que decoran las tumbas que ya no son visitadas por los familiares que, tal vez, ya descansan en paz y deben tener una tumba también, en la parte más nueva del panteón.

Las placas de porcelana dan cuenta de los muertos allí sepultados: Louis Guibert (1840-1904), historiador; Raoul Hausmann (1886-1971), artista dadaísta; David Haviland y su familia, fabricantes de porcelana; Leon Jouhaud (1874-1950), esmaltador; Emile Labussiere (1853-1924), albañil; Joseph Lugnot (1780-1836), militar; Jean-Louis Paguenaud (1876-1952), pintor; Charles Planckaert (1862-1933), arquitecto; Henri coutheillas (1862-1927), escultor; Mario David (1927-1996), actor; entre tantos otros con diferentes oficios y profesiones. Lo cierto es que murieron de diferentes formas, algunos por enfermedad, otros por vejez y otros de tantas otras formas despavoridas, porque todos mueren. La muerte es certera y de ella nadie huye.

El silencio en un espacio tan grande, lleno tumbas en la ciudad de los muertos es contrario al bullicio constante en la ciudad de los vivos. Tal vez, para recordar al visitante que todo en su existencia es vano y acabará, un día, igual para todos. Los nombres y rostros impresos en porcelana, son tan anónimos como la cruz que yace sin nombre.

No me gusta el paseo por el famoso cementerio de porcelana de Limoges y quiero regresar a casa, a Bolivia.

 

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Biografía:

 

Márcia Batista Ramos, brasileña. Licenciada en Filosofía-UFSM. Gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Editora en Conexión Norte Sur Magazzín, España; columnista en Inmediaciones, Bolivia, periodismo binacional Exilio, México, archivo.e-consulta.com, México, revista Madeinleon Magazine, España y revista Barbante, Brasil. Publicó diversos libros y antologías, asimismo, figura en varias antologías con ensayo, poesía y cuento. Es colaboradora en revistas internacionales en 22 países. Editor adjunto de la Edición Internacional de Literatura China (a cargo de la Federación de Círculos Literarios y Artísticos de Hubei, China).