• 26 de Septiembre del 2021

¡Renuncio!

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Me declaro incompetente en esta nueva realidad

 

Qué bonito es leer y escuchar que gracias a la tecnología hoy estamos más unidos que nunca y las cosas se facilitan… De seguro esas personas que lo dicen, se han dedicado a estar de baquetones en sus casas, viendo Netflix y engordando como pavitos de Navidad.

Poco menos de la mitad de los mexicanos estamos enfrentando una nueva realidad llamada “trabajo remoto”, Home Office para los cuates, en donde las reuniones presenciales se cambiaron por salas de juntas virtuales por Zoom, Teams, Skype o lo que consideremos más práctico; donde el break para comer se ha reducido a una hora que te tiene que durar lo suficiente para preparar comida y después comer, y donde de paso, no hay límites de horario (al fin no tenemos otra cosa mejor que hacer).

¡Pero sí tenemos! Estamos experimentando por primera vez la educación digital, sin profesores con la paciencia de explicar, sin dinámicas y muchas, pero muchas tareas. Es de reconocer la situación que enfrentan tantas familias que han tenido que sumergirse en esta nueva era digital sin las herramientas necesarias, pues no todos contamos con internet o se tienen que rolar una sola computadora, para cumplir con todas las obligaciones trabajo-escuela.

Ahí es donde mi cordura ha terminado por agotarse. Si pensábamos que la vida afuera de este encierro obligado pasaba rápido, no conocen los pendientes que pueden surgir en la casa, la limpieza, el hijo gritando porque no entiende la tarea, mientras contestas mil correos del trabajo y tratas de que el espagueti no se te queme en la olla; lavar la ropa, desinfectar lo que entra a la casa, pagar todas las cuentas, hacer despensa… Somos ahora el nuevo ejemplo del multitasking, pero sin salud mental.

Y no aplica solo a las mamás, esto se ha convertido en un trabajo en equipo (más cargado aún hacia a un lado que al otro), en donde las buenas intenciones de mantener una programación de todas las actividades, se queda únicamente en la utopía. Agréguenle que la expectativa social es la de “tener tiempo” para hacer ejercicio, meditar para despejar la mente, recuperar las horas de sueño, jugar en familia o tener un hobbie.

Dentro de este periodo, la tecnología se ha vuelto un arma de doble filo y es ahí donde la realidad, no virtual, nos está jugando una mala pasada. Desde evitar que los hijos salgan en calzones durante la video llamada (porque para ellos esto sí son vacaciones y pueden andar por la casa como se les pegue la gana), el sonido del gas, el de las tortillas, los camiones pasando por la calle y una enorme cantidad de sinfonías urbanas que logran darle banda sonora a la presentación del proyecto a los jefes.

Para tratar de evitar esta penosa (y muy graciosa) situación, he tratado de cambiar mi equipo de domicilio varias veces, aún sin éxito, mientras veo los fondos perfectos en las conexiones de compañeros y otras personas, yo nomás no puedo encontrar algo decente que mostrar, más que mi desordenada realidad, entre libros de texto, trastes sucios, caos de mascotas y una sala sin recoger.

Tal vez nací en la pandemia equivocada…

 

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Itzel Salazar es comunicóloga y periodista desde hace 17 años. Apasionada de las letras, la música y la fotografía, se declara Millenial por resignación, más no por convicción. Actualmente ha encontrado en las Relaciones Públicas y la docencia su nuevo amor.

 

Síguela en Twitter: @ItzelSalazarAG