Lo anterior podría parecer drástico, pero infortunadamente no es un aspecto aislado que se atisba acechando nuestro presente como un nubarrón en el panorama educativo actual, sino solo una parte de la tormenta que podría oscurecer aún más el horizonte. Así pues, estimado(a) lector(a), acompáñeme a revisar a continuación, las ideas de dos expertos en cuestiones educativas: Ronald Purser, que relaciona lo que muchos docentes vivimos hoy en las aulas con la IA; y Damià Bardera, que atiende algunas carencias del sistema educativo que afectan la enseñanza y el aprendizaje que se pretende generar en las aulas escolares, luego de lo cual, expondré algunas conclusiones que espero sean útiles para atisbar un claro entre las nubes que oscurecen el panorama actual de la educación.
Integración acrítica de la educación superior con la IA
Ronald Purser, académico y escritor estadounidense especializado en temas de educación, cultura y crítica social, planteó en su artículo AI is destroying the university and learning itself. Current Affairs, publicado este mismo año, la tesis de que la integración acrítica de la IA en la educación superior no está democratizando el aprendizaje, sino que, por el contrario, lo está automatizando y vaciando de sentido, transformando a las instituciones de educación superior en escenarios donde los actores participantes interpretan una obra donde unos hacen como que enseñan y otros hacen como que aprenden.
Purser (2025) plantea que la irrupción de la IA en la educación superior no es lo mismo que incorporar instrumental nuevo a la “caja de herramientas” que el docente ya usa de por sí, porque ésta implica una transformación profunda de los entornos de aprendizaje. El autor hace una distinción entre herramientas y tecnologías: las primeras ayudan a realizar una tarea; las segundas en cambio, remodelan los entornos mismos en los que pensamos, trabajamos y nos relacionamos. Nosotros elegimos cuándo y cómo usar las herramientas, pero las tecnologías cambian las reglas del juego, porque ellas rehacen las condiciones de la elección misma.
Lo anterior, según señala el autor desde su experiencia como docente, fue recibido inicialmente con inquietud por algunos docentes, preocupados por aspectos académicos como el plagio de tareas escolares y la inexorable desaparición del ensayo universitario, pero el desosiego pronto pasó a convertirse en resignación, y luego inclusive, en regocijo, sobre todo, por quienes aspiran adaptarse a la IA, para estar así a tono con lo que se considera innovación (en este punto, el autor entrecomilla la palabra “adaptarse” porque advierte que esta aceptación acrítica refleja como las sociedades entregan su juicio a los imperativos tecnológicos, sustituyendo la reflexión por métricas de eficiencia y optimización).
Así las cosas, la universidad se convierte en un espacio de logística cognitiva, donde “(…) la enseñanza se reduce a la entrega de productos y el conocimiento a datos” (Purser, 2025), sustituyendo capacidades humanas esenciales como la curiosidad, el discernimiento y la presencia por la automatización, de lo que resulta un aprendizaje simulado, lo que el autor denomina un “pintar por números”, ya que normaliza valores como la estandarización y la dependencia corporativa.
Purser (2025) describe un círculo vicioso (un “ouroboros” institucional): los estudiantes usan IA para producir trabajos; las universidades contratan empresas de IA para detectar trampas; y, al final, ambas partes dependen de la misma infraestructura tecnológica. La consecuencia es la normalización del fraude académico, que deja de ser lo que es: un artero acto de deshonestidad académica, una desviación de lo recto, para convertirse en una estrategia de supervivencia dentro de un sistema educativo cada vez más transaccional.
Todo lo anterior, comenta el autor, erosiona el sentido mismo de la educación. Los estudiantes aprenden a generar prompts más que a pensar. los profesores corrigen trabajos que sospechan (o saben) que no son auténticos y los administradores ensalzan “innovaciones” que vacían de contenido la enseñanza. Como una novela generada por IA, cuyo proceso narrativo es por completo ajeno a la experiencia humana de la creatividad, la universidad está en riesgo de convertirse en una institución sin alma, ya que las credenciales y los títulos que emite podrían perder su enlace con la competencia real de los profesionales que aseguran formar.
Purser (2025) respalda su crítica con estudios recientes, por ejemplo: Your Brain on Chat GPT: accumulation of cognitive debt when using an ai assistant for essay writing task, del Massachusetts Institute of Technology (MIT), que aborda lo referente a la “deuda cognitiva”: el uso intensivo de ChatGPT reduce la conectividad neuronal y deteriora la memoria y el razonamiento crítico. La escritura asistida por IA, se percibe como fluida pero vacía, y a largo plazo, debilita la capacidad de pensar autónomamente. Un autor citado por Purser, Cal Newport, lo describe con las siguientes palabras: “se trata de hipotecar la aptitud cognitiva futura por una facilidad inmediata”.
La conclusión del autor es contundente: la universidad está desterrando el discernimiento y enseñando a dejar de pensar, lo que podría conducir a una posible crisis educativa caracterizada por títulos sin aprendizaje, enseñanza sin comprensión e instituciones sin propósito.
Mitología sobre la educación contemporánea
Damià Bardera es autor de Incompetencias básicas: Crónica de un disparate educativo (2025), libro donde el escritor y doctor en filosofía catalán analiza las carencias educativas actuales, emitiendo una denuncia desde su experiencia de diez años como profesor de secundaria parecida a la que Purser hace al vincular la IA con la educación: básicamente, que el sistema educativo encubre una “gran mentira”, en la que los profesores aparentan enseñar y los alumnos aparentan aprender.
El texto de Bardera (2025) parte de una constatación incómoda: el nivel académico ha descendido, aunque la versión oficial muchas veces diga lo contrario. Según el autor, lo anterior puede cotejarse directamente en las aulas, por ejemplo, cuando los alumnos son incapaces de comprender un texto sencillo, de manejar las tablas de multiplicar, o incluso, de hacer algo tan básico como leer un reloj analógico. Frente a esta realidad, suele recurrirse a un lenguaje que disfraza el problema: ya no existen estudiantes “vagos” —comenta el profesor de secundaria—, sino jóvenes con “dificultades”, eufemismo que encubre la falta de esfuerzo y la ausencia de interés, y que, en última instancia, niega la dimensión ética del aprendizaje.
La problemática del sistema educativo se ve agravada también por cómo se evalúa ahora. En España, por ejemplo, las notas numéricas, claras y comprensibles, han sido sustituidas por franjas competenciales, lo que ha sido criticado por algunos (incluyendo a Bardera), porque consideran que tales cambios introducen opacidad y arbitrariedad, situación que puede desvirtuar el mérito y engañar tanto a las familias como a los propios estudiantes. ¿La consecuencia?: que las certificaciones académicas pierdan valor y dejen de reflejar el verdadero nivel de preparación. Al respecto, México —como dicen— “no canta mal las rancheras” porque en algunos niveles educativos procura limitarse, de manera más o menos velada, que los docentes reprueben a los estudiantes por mediocre que sea su desempeño escolar, no siendo las instituciones de educación del sector privado la excepción, ya que bajo una óptica clientelar algunas de ellas procuran asegurar la estabilidad de su matrícula y la recepción de nuevos ingresos, es decir, de nuevos “clientes” a los que cobijará de la mejor manera posible.
Bardera (2025) también aborda el tema de la inclusión: concebida inicialmente como un principio justo, en la actualidad, se trata de una práctica que ha contribuido a sobrecargar las aulas y a dejar sin atención real a quienes más la necesitan. En México, uno de cada dieciséis alumnos requiere adaptaciones (Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa, 2024), pero los recursos y el personal especializado, tanto aquí como en España, son insuficientes. El docente, atrapado en esta dinámica, es incapaz de atender la diversidad y, en la práctica, termina por descuidar, o de plano abandonar, tanto a los estudiantes con necesidades específicas como al resto de la clase. Lo que se traduce, lamentablemente, en exclusión generalizada.
La autoridad del profesor también ha ido deteriorándose drásticamente. La disciplina, el silencio y los límites se han estigmatizado, reconceptualizándolos con el fin de asociarlos con posturas ideológicas extremas, cuando, según Bardera (2025), constituyen los cimientos de la autodisciplina y del aprendizaje sólido. En tiempos de la IA y de otras tecnologías que han contribuido al acceso del conocimiento y a su subsecuente conversión en datos en las aulas, el docente poco a poco va migrando de su posición como un mero transmisor de conocimientos para convertirse, no en un facilitador, coordinador o escenógrafo, sino en un animador cultural o gestor emocional —los docentes de hoy no solo “tienen” que hacer divertida su clase, sino también hacerla de psicólogos, socorristas, policías, etcétera (¡Súper sic!)—, roles que desnaturalizan su función y deterioran su salud mental.
Considerando lo anterior, Bardera (2025) reivindica el esfuerzo y el conocimiento como herramientas poderosas para lograr la equidad. Las tareas no deberían concebirse como aspectos prescindibles, castigos o tácticas para aumentar la calificación, porque representan oportunidades para que los alumnos con menor capital cultural, adquieran estructura y continuidad; asimismo, tampoco deberían suprimirse las consecuencias del incumplimiento, porque hacerlo normaliza la irresponsabilidad y prepara a los jóvenes para una vida ficticia, desconectada de la realidad adulta. El autor agrega: para quienes no heredan privilegios, el conocimiento es la única vía de emancipación.
Para Bardera, el problema de fondo radica en haber abandonado tres aspectos esenciales:
- Disciplina. - Es la condición sine qua non para lograr la autodisciplina, indispensable también para constituir un ambiente de aprendizaje seguro.
- Esfuerzo. - Representa la moneda de cambio del mundo real. Si la escuela transmite la idea de que siempre hay una segunda oportunidad, que los errores no tienen consecuencias y que un trabajo extra puede salvar cualquier situación, entonces está preparando mal a los jóvenes, porque si algo exige el entorno laboral es, justamente, responsabilidad, constancia y perseverancia.
- Conocimiento. - Es el capital más valioso que un individuo puede poseer. Sin conocimiento, los jóvenes son relegados a trabajos de baja cualificación, haciéndose susceptibles de ser manipulados más fácilmente. El conocimiento es, tengámoslo bien presente por favor, la herramienta para ejercer sentido crítico y aspirar a un futuro mejor (Gente Interesante, 2024).
El abandono de estos pilares responde a la influencia de una ideología que Bardera denomina “pedagogismo”, es decir, la ciencia de la enseñanza (pedagogía) ideologizada, que convierte ideas atractivas en dogmas incuestionables, aplicados sin más a la realidad del aula. Un ejemplo aportado por el autor es la directriz de partir de los intereses del alumno, propuesta que, aunque bienintencionada, genera resultados poco satisfactorios, ya que, si se parte únicamente de los intereses inmediatos del estudiante, su horizonte se reduce, por lo que pierde la oportunidad de descubrir nuevos conocimientos.
Bardera (2025) recomienda tanto a los padres como a los estudiantes buscar maneras de enseñar y aprender, respectivamente, aquello que la escuela no ofrece: ¿por qué esperar motivación cuando se puede construir disciplina?, ¿por qué procurar hacer lo mínimo (“lo que me toca”) cuando se puede entrenar el esfuerzo?, ¿por qué distraerse cuando se puede adquirir conocimiento? Concluye el autor: la educación está en manos de cada individuo, y ese es el poder que nadie puede arrebatarnos.
De la revisión de las ideas de Purser y Bardera, quizá, nadie tenga dudas de que: uno, resulta prioritario que la IA no sustituya el pensamiento crítico, porque su uso acrítico nos está conduciendo a una enseñanza y a un aprendizaje simulados; dos, hoy más que nunca el sistema educativo pone de manifiesto su aspecto más vulnerable, concerniente a que las credenciales y los títulos que otorga están en riesgo de perder todo su valor como reflejo de las competencias reales de quienes forma; tres, aspectos como la inclusión y la evaluación requieren equilibrarse, ya que la sobrecarga de aulas y la opacidad en las calificaciones generan exclusión y pérdida de mérito; cuatro, la disciplina, el esfuerzo y el conocimiento deben ser rescatados como pilares esenciales de la educación, porque no hacerlo equivale a debilitar la preparación ética y práctica de los estudiantes; y cinco, urge reevaluar (y valorar) el rol que los docentes llevan a cabo en las aulas escolares, no solo porque su autoridad y salud mental están siendo severamente afectadas, sino porque su papel como agentes de cambio amerita, quizá, rescatarse y vincularse con otros sectores sociales para actuar juntos en pro de la educación de los jóvenes de hoy.
Finalmente, vale la pena considerar algunas estrategias que, de manera incipiente, contribuyan a mejorar el panorama descrito anteriormente, a saber:
Sobre el uso crítico y formativo de la IA. – Una primera recomendación es recordar siempre que la IA es una herramienta complementaria del proceso reflexivo, no su sustituto, por tal motivo, al integrarla al proceso de enseñanza – aprendizaje conviene diseñar actividades donde los estudiantes expliquen y justifiquen cómo usaron la IA, con lo que se fomentaría la metacognición, lo cual es importante al momento de promover proyectos cuya realización combine el esfuerzo humano con el uso de la IA, ya que implicará diferenciar, con claridad, qué elementos del proyecto corresponden a la creatividad propia y qué elementos son resultado del apoyo tecnológico.
Revalorizar la disciplina y el esfuerzo. – Resulta conveniente establecer, desde el principio, reglas claras sobre la responsabilidad académica de cada quien (estudiantes y profesor), así como las consecuencias reales que implicará incurrir en el incumplimiento de algún deber escolar, lo que implica recuperar la noción de que la tarea es parte de la estructura del aprendizaje (y no un castigo), siendo importante fomentar hábitos de estudio sostenidos, vinculando el esfuerzo con logros tangibles de parte de los estudiantes.
Fortalecer el conocimiento como capital cultural. – Lo que importa es la comprensión profunda de parte del estudiante, lo que es inherente a la formación de que se trate, corresponda ésta al nivel de secundaria o de educación superior, y no solamente la acumulación de datos, para lo cual, resulta recomendable proponer lecturas y problemas que desafíen al estudiante más allá de sus intereses inmediatos, procurando promover el sentido crítico como eje transversal en todas las asignaturas.
Reformar la evaluación con transparencia. - Combinar métricas competenciales con evidencias claras de desempeño (ensayos, proyectos, presentaciones y… ¿por qué no?, exámenes bien hechos que sean parte de la “caja de herramientas” del profesor), lo que permitirá evitar la opacidad en las calificaciones, asegurando que reflejen realmente el nivel alcanzado, además de incluir evaluaciones formativas con las que pueda brindarse retroalimentación constante.
Redefinir el rol docente. - Quizá pronto sea necesario (y no solo una recomendación) reconocer al docente como guía intelectual y ético, evitando meterlo con calzador a un papel que simplemente no le corresponde, lo cual demandará, como cabe suponer, que se le provea del apoyo institucional adecuado, para que de esta manera, en lugar de cargar con funciones ajenas (psicólogo, policía, gestor emocional, etcétera), se compenetre en la formación continua en didáctica crítica y ética, capacitándose como un mejor docente, lo que de paso, fortalecerá su autoridad pedagógica.
En suma, la educación está de pie sobre un escenario que devela la necesidad de recuperar un camino más humano y emancipador: un espacio donde la inteligencia artificial sea aliada solo cuando se usa con discernimiento, donde la disciplina, el esfuerzo y el conocimiento se reconozcan como pilares irrenunciables, y donde el docente recupere su lugar como constructor de pensamiento crítico. Quizá solo de esta manera sea posible abrir horizontes de auténtico aprendizaje y forjar una sociedad más libre, consciente y preparada para transformar su futuro.
Referencias
Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa. (2024). Principales cifras del Sistema Educativo Nacional 2023-2024. Secretaría de Educación Pública. https://www.planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/principales_cifras/principales_cifras_2023_2024_bolsillo.pdf
Gente Interesante. (2024, noviembre). Colapso educativo: Un profesor cuenta lo que está pasando en las aulas | Damià Bardera [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=pe169lrv3Jk
Purser, R. (2025, diciembre 1). AI is destroying the university and learning itself. Current Affairs. https://www.currentaffairs.org/news/ai-is-destroying-the-university-and-learning-itself
Bardera i Poch, D. (2025, diciembre 15). Un alumno ya no es vago; no puede ser vago. Un alumno “tiene dificultades”, o sea, se inventan palabras. Web del Maestro CMF. https://webdelmaestrocmf.com/portal/damia-bardera-i-poch-un-alumno-ya-no-es-vago-no-puede-ser-vago-un-alumno-tiene-dificultades-o-sea-se-inventan-palabras
















