• 01 de Diciembre del 2020

El calentamiento social

Enfrentamientos callejeros, violencia social / Facebook/Movimientos Sociales

 

La mayor riqueza que han creado las nuevas tecnologías no ha podido combatir la pobreza y la desigualdad social

 

 

 

“La salud es la justa medida entre el calor y el frío”

Aristóteles

El mundo hierve, la ebullición desparrama los descontentos, desacuerdos, y vierte un agua putrefacta que puede alcanzarnos como una tromba violenta. Como Ícaro, creemos volar hacia una luz que embelesa pero que nos quema bajo su brillante calor seductor.

Parece ser que la historia nos pasa de lado y olvidamos las catástrofes que ha padecido la humanidad. No obstante, los discursos de tolerancia de algunos jefes de estado, el mundo insiste en repetir el pasado. Las lecciones aprendidas se han empolvado como un apunte escolar coleccionable.

La mayor riqueza que han creado las nuevas tecnologías no ha podido combatir la pobreza y la desigualdad social. La ciencia anuncia pestes, pero el futuro es incierto: ¿cuándo llegará? La enfermedad también eleva la temperatura social.

No obstante que la migración de miles de sirios ha tenido aceptación en Europa, dista mucho de ser la tierra de las buenas oportunidades. Centroamérica ha encontrado una puerta difícil de franquear en el sur de México (que rinde pleitesía más que nunca a los Estados Unidos y su política dura en contra de la inmigración).

Los movimientos nacionalistas, ocultos en el populismo, son una caldera que está cocinando una mezcla de ingredientes que nos van a dejar un mal sabor de boca. Sin embargo, el aroma que despide es de un humo que atrapa las almas que, como un mal necesario, encuentran la voz seductora, la mano dictatorial que la debilidad humana añora. No importa que el populista sea de izquierda, derecha o de cualquier tendencia política: se convierten en tiranos. Basta con recordar el embrujo ejercido por el nazismo y el fascismo que llevaron al callejón trágico de la Segunda Guerra Mundial. Hasta que un calor derritió Hiroshima.

La maquinaria que encaminó al poder a líderes totalitarios, parece repetirse bajo un absurdo conocimiento del pasado que se ha depositado en un rincón olvidado. Aun conociendo la historia, quisiéramos revivirla, pero ahora bajo una idiotez instrumentada y orquestada por el populismo, el extremismo, y la política que ha llevado la polarización social, a tales extremos que ha generado violencia virtual pero que podría ser el chispazo candente para pasar a la violencia física.

La nación hermana, la identidad nacional, el sentimiento de unidad a pesar de momentos trágicos, se ha diluido en una lucha de agravios, desacreditaciones, insultos y amenazas en las redes sociales. El roce digital también calienta los ánimos.

La lucha por el poder tiene hoy un fuerte aliado: el leviatán informático. El monstruo que controla y conoce todo: nuestros gustos, fobias, frustraciones, pasiones, pero sobre todo, nuestras debilidades. Nuestra subjetividad está a disposición de la industria mediática, que a su vez la entrega al poder. Hoy la intimidad es cosa del pasado. El calor de la pasión, hoy es pública.

En este año fatídico la violencia ha alcanzado tintes que parecían lejanos de la cromática social. La discriminación racial, las muertes por el color de piel, los muros fronterizos, los protagonismos políticos, más la pandemia, han subido el calor de las críticas y exacerbado también los antagonismos, que pueden llegar a una temperatura mayúscula de intolerancia extrema. Lejos de unir a un pueblo, la sistemática polarización, la confrontación no parece ser conductora hacia la paz social.

Como Ícaro, el mito griego, las sociedades siguen las luces candentes que las conducen a incendiar sus frágiles alas de cera con la mezquina complicidad de la ignorancia. La caída puede ser el trágico viaje a las aguas del infierno.