• 29 de Enero del 2022

Retrato de familia con romeritos

Especial / Efectos

Me encantaría haber nacido en una familia numerosa donde todos se pelearan por los terrenos del abuelo y las tías se repartieran los platillos de la cena de Navidad.

 

Elodia, mi supuesta tía mayor, hubiera sido la encargada de coordinar las fiestas, bodas, bautizos y funerales, puesto que toda familia disfuncional necesita de una matriarca que le proporcione dirección. Seguramente habría dado su mal paso a los 17 años para luego permanecer soltera de por vida criando a un hijo con síndrome de Peter Pan: el primo Alfonso. Entrado ya en los cuarenta, el nene seguiría en busca de una buena mujer para cometer matrimonio en lo que se desempeña como contador general en una empresa con rancio abolengo. De carácter se mostraría desconfiado, metódico y maneado, con frecuentes cambios de humor y una estúpida manía de revisar constantemente la llave del gas y todas las cerraduras. Para nosotros sería evidente su trastorno de personalidad tipo A, pero su madre estaría convencida de que ese comportamiento dramático y excesivamente emotivo es una consecuencia de su erudición.

     El tío Paco, calvo, ventrudo y chistoreto, ostentaría el cargo de borracho familiar. Alto funcionario de gobierno por más de cuatro sexenios ─sin importar el color del partido─ tocaría siempre la puerta con los pies por ir cargado de botellas y regalos, mientras en la sala se corren apuestas sobre la parte del cuerpo que la tía Nora, su mujer, se acaba de intervenir por vía del cirujano plástico. Tras ellos irían sus hijos, un par de criaturas perversas y caprichosas conocidas como los primos nais, haciendo gestos por el olor a ponche de guayaba proveniente de la cocina. El tío Luis, viudo y avejentado, llegaría vestido con ropa de entrecasa y gorra de béisbol. Nos contaría que durante una semana se ocupó personalmente de inyectar al pavo con brandy y especias para luego hornearlo junto a unas papas rojas de tamaño miniatura. Sus hijos tampoco vendrían esta vez. Compromisos ineludibles les obligan a permanecer en Canadá, donde residen desde los tiempos universitarios y desde donde solo han vuelto en ocasión de enterrar a su madre.

     Cerca de las diez, la tía Julieta, una mujer carismática y gozosa, se aparecería pidiendo posada con estrofas de su propia invención hasta escuchar los versos irónicos de mi madre en respuesta. En cuanto abrimos la puerta nos suelta el refractario con romeritos y el platón de jalapeños rellenos de sardina, se quita el abrigo y corre a pedir una copa. Para entonces, el tío Paco ya nos habría surtido la primera ronda de sus famosas margaritas de arándano ante la indignación de la tía Elodia, porque aún no hemos arrullado al niño y la ensalada de manzana, que le tocaba a la prima Bertha, está a medio hacer. El tío Luis se ofrecería a terminarla mientras mi hermana coloca unas velas sobre la mesa y Alfonso se cerciora de que no haya una fuga de gas en el horno. Los primos nais se apoltronan en el sillón de la sala, dispuestos a dejarse servir y mimar como corresponde a su estatura social, y la tía Nora, que apenas puede moverse a causa de una abdominoplastía reciente, pone unas cumbias bien movidas para entrar en materia.

     Tarde como siempre, la tía Isela, solo dos años mayor que los primos de en medio, llegaría presumiendo al tercer novio del año, un escritor de series televisivas con gran porvenir y abultado trasero. Entre ambos acarrean un tazón de arroz con leche hecho en casa, un pay de calabaza horneado en Costco y un pastel en forma de tronco navideño firmado por Sanborns. Derramando grandes dosis de oxitocina vierten sobre el festejo un oportuno halo de amor a la hora del pleito por los terrenos, cosa que invariablemente sucederá al servir los postres. El tío Paco pondrá el tema sobre la mesa a pesar de las cuantiosas lágrimas de la tía Elodia, para ese momento proponiendo un brindis por los abuelos difuntos. Entonces se hará un silencio incómodo durante el que algunos agacharán la cabeza en señal de respeto y otros pondremos ojos de huevo cocido. La perorata de la tía Elodia será una línea de tiempo entre su infancia colmada de dicha y los muchos meses que dedicó a cambiar los pañales de sus padres sin ayuda de nadie.

      Pasadas las doce ya habríamos perdido la compostura. Organizados en dos bandos nos hallaríamos los no interesados en los terrenos ejidales del abuelo, geográficamente perdidos en los confines de la selva, y los hereditantes por derecho de sangre, sudor y lágrimas. Los más jóvenes nos replegamos a la sala, hasta donde la mirada recalcitrante de la tía Elodia no alcanza para contabilizar la ingesta etílica, en tanto los mayores se reparten por enésima vez los bienes intestados de su progenitor. La casa familiar para la tía Elodia y la cuenta bancaria a partes equivalentes, pero las hectáreas, que por azares del destino se encuentran a orillas de la ruta mágica que tocará el tren maya, las quiere trabajar el tío Paco por medio de una sociedad sin fines de lucro. La tía Julieta aprovechará el momento para colocar su cámara fotográfica en el tripié y todos iremos a ocupar las posiciones de siempre, con las manos sobre los hombros de nuestros padres. A la cuenta de tres gritaremos “güisqui”: retrato de familia con romeritos al centro.

 

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Twitter: @mldeles

 

De la Autora

He colaborado en el periódico Intolerancia con la columna "A cientos de kilómetros" y en la revista digital Insumisas con el Blog "Cómo te explico". Mis cuentos han sido publicados en las revistas Letras Raras, Almiar, Más Sana y Punto en Línea de la UNAM y antologados en “Basta 100 mujeres contra Violencia de género”, de la UAM Xochimilco y en “Mujeres al borde de un ataque de tinta”, de Duermevela, casa de alteración de hábitos.

He sido finalista del certamen nacional “Acapulco en su Tinta 2013”, ganadora del segundo lugar en el concurso “Mujeres en vida 2014” de la FFyL de la BUAP, obtuve mención narrativa en el “Certamen de Poesía y Narrativa de la Sociedad Argentina de Escritores”, con sede en Zárate, Argentina y ganadora del primer lugar en el “Concurso de Crónica Al Cielo por Asalto 2017” de Fá Editorial.

He participado en los talleres de novela, cuento y creación literaria de la SOGEM y de la Escuela de Escritores del IMACP y en los talleres de apreciación literaria del CCU de la BUAP.