• 30 de Enero del 2023

La engañifa de Anaya

 

Mientras el dirigente petista obtenga recursos para su movimiento y mantenga su posición privilegiada al interior del partido de la estrella amarilla, los candidatos son piezas desechables

 

Israel Mendoza Pérez

 

@imendozape

De manera truculenta, Alberto Anaya, el eterno dirigente del Partido del Trabajo juega las dos caras de su moneda en Coahuila. Llevar en hombros a Ricardo Mejía Berdeja como candidato a la gubernatura del estado es solo una pantalla. Su interés político, desde hace más de 20 años, se encuentra cimentado en las conveniencias del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Mientras el dirigente petista obtenga recursos para su movimiento y mantenga su posición privilegiada al interior del partido de la estrella amarilla, los candidatos son piezas desechables. Mejía Berdeja cayó en la trampa. Le ofrecieron un partido y una candidatura, pero no votos.

Alberto Anaya ya tiene trabajado el método de aparentar una supuesta lejanía con el Movimiento Regeneración Nacional, lo primero es mostrar sana distancia, aunque en la práctica se encuentra dispuesto a atender las peticiones desde Palacio Nacional.

En el año 2000, el PT fue relegado por el extinto Partido de Centro Democrático, tras la declinación de Marcelo Ebrard a favor de Andrés Manuel López Obrador, al gobierno de la Ciudad de México. Los petistas tenían la seguridad de que contaban con la estructura y los perfiles para conquistar al menos dos delegaciones; sin embargo, Andrés Manuel López Obrador les pidió que cedieran espacios y aceptaron a regañadientes.

En los comicios intermedios de 2003, llegó el supuesto alejamiento. El PT se lanzó a ir en solitario por diversos cargos en la ciudad entre ellas las 16 alcaldías y corrió el riesgo de perder su registro. Sin embargo, la estrategia fue ir con candidatos propios, la mayoría sin militancia, pero las bases del petismo y los operadores del partido llevaron votos, al entonces partido aliado, el PRD. Es decir, la votación fue en favor de otro partido y los candidatos solo fueron una pantalla.

Mejía Berdeja es víctima de una acción compleja y un juego perverso. Así también se tejió el caso de Rafael Acosta, alias Juanito. Le dieron un partido, una candidatura, votos, pero no el triunfo. Para Anaya Gutiérrez, la lealtad tiene precio y se cotiza alto.

La postulación de Mejía Berdeja por un partido distinto a Morena se barajó desde el 12 de diciembre, cuando el presidente de su partido, Mario Delgado, con sus comisiones de Elecciones y Encuestas, anunciaron que el ganador de las encuestas practicadas, era Armando Guadiana Tijerina, quien ocuparía el cargo de Coordinador de los Comités de Defensa de la 4T; en segundo lugar figuró Luis Fernando Salazar y en tercero Mejía Berdeja.

Desde ese momento, fue una serie de jaloneos y desacuerdo. Mejía Berdeja también jugó su carta de apostarle a ser el portador y defensor de por principios de la cuatroté y por eso cayó en poder de Alberto Anaya. Aunque detrás de esa situación hay un movimiento turbio.

La postulación de Mejía Berdeja puede tener todo un componente de revanchismo, lo fomenta Anaya, pero el domingo 4 de junio, las huestes del PT saben que deben ser leales a la cuatroté. No a un candidato.