• 17 de Abril del 2021

Drag El Conquistador (Cuento)

Spartan / dejankrivokapic Pixabay

Lo que quieren decir al extranjero es que cualquiera de ellos que intente asolar su ciudad correrá la misma suerte que Drag

 

A la entrada de Ciudad Mina Roja hay una estatua que en todo se asemeja a un héroe antiguo, real o ficticio. Luce una túnica helada color bronce y blande una espada acerada capaz de partir de un tajo a un ser humano. En lugar de rostro tiene un hueco por el que, según la inclinación del que contempla, lo mismo se puede mirar el templo de las Vírgenes del Agua, que se llama así en memoria de un puñado de muchachas que en el año 43 después de Cristo simularon que aceptaban mezclarse con el enemigo y destruyeron una represa para salvar a su pueblo; o bien se puede ver el techo jaspeado de un mercado venido a menos que sobrevivió a la época de Las Cruzadas y sufrió las bombas de La Segunda Guerra Mundial; y, un poco más a la derecha, se observa una de las trece torres del palacio imperial, desde donde reinaron treinta y dos emperadores.

Anteriormente, los lugareños llamaban a la figura sólo “Drag El Conquistador Vencido”, sin embargo, ahora se le conoce como “Drag El de los Mil Rostros”. A primera vista el nombre de la efigie parece una incongruencia, pero la nueva manera de designarla cobra sentido cuando se sabe que, como la estatua está colocada en una zona que ofrece una vista privilegiada de la ciudad, los visitantes acostumbran trepar por los escalones que hay detrás de la figura para colocar sus caras en el óvalo vacío y tomarse fotografías. Los rostros de los visitantes embonan a la perfección en el modelo del héroe o conquistador ahí representado. Desde su altura, los paseantes pueden contemplar la ciudad tal y como la vio Drag cuando la atacó en tres ocasiones, durante nueve meses, y pereció en el intento de doblegarla. Cuando uno se entera de la enemistad de Drag y Ciudad Mina Roja, cobra sentido la disposición de la estatua, y entiende los motivos por los cuales la figura tiene un hueco sobre los hombros en lugar de la cara del héroe.

La idea de los pobladores de Ciudad Mina Roja de colocar ahí la estatua no es casual. Lo que quieren decir al extranjero es que cualquiera de ellos que intente asolar su ciudad correrá la misma suerte que Drag. Luego de resistir satisfactoriamente los asedios del conquistador, (mataron a todos los espías incrustados en su propia ciudad, a continuación, hicieron un riguroso inventario de armas y hombres decididos y se lanzaron al ataque) los habitantes de Ciudad Mina Roja aniquilaron al héroe con una carga nocturna que lo hizo retroceder un par de kilómetros, junto a los Lagos Menores. Ahí fue capturado y pasado a cuchillo sin miramiento alguno.

Posteriormente, los antiguos guerreros que vencieron a Drag, El Conquistador, fabricaron la estatua con el armamento que le arrebataron a los invasores. Milagrosamente la espada sobrevive el paso del tiempo y les recuerda el poder de su adversario. Actuando de tal forma, los habitantes de Ciudad Mina Roja consiguieron tres cosas, primero, impedir que la posteridad conociera y quizá admirara los rasgos de su rival; segundo, tenerlo a mano para vigilarlo estrechamente; y, tercera, acaso sea la más importante: convencerse de que Drag estaba muerto y que no los atacaría de nuevo.

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Juan Norberto Lerma

México, Distrito Federal. Es escritor y periodista. Ha colaborado en diversos medios de comunicación y en varias revistas culturales. En el año 2000 ganó el premio de cuento José Emilio Pacheco, al que convocó la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ha publicado varios libros de cuentos en Amazon, entre los que se encuentran La Bestia entre los días, y Perro Amor.

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