• 07 de Octubre del 2022

Palabras y portentos (Cuento corto)

Castillo y mujer / Pixabay

Es posible que, acaso sin saberlo, el hombre se hubiera preparado durante mucho tiempo para responder esa pregunta capital que la mujer le había hecho

 

 

Juan Norberto Lerma

 

—¿Me amas? —preguntó la mujer—.

El hombre al que interrogaba era un guerrero que en múltiples batallas había cortado cabezas de soldados enemigos. En tiempos de paz, el hombre se transfiguraba, cazaba faunos, yacía extasiado en los lechos de damas que le encontraban virtudes, y les leía el destino en las comisuras de los labios, y si tenía tiempo, practicaba la adivinación en el vuelo de las aves. Sin embargo, una mujer de la Corte del rey de los ingleses había cautivado su corazón, e inexplicablemente cuando estaba con ella se sumía en el silencio, todo su ser se detenía y pasaba la mayor parte del tiempo contemplándola.

Es posible que, acaso sin saberlo, el hombre se hubiera preparado durante mucho tiempo para responder esa pregunta capital que la mujer le había hecho, porque entonces abrió los brazos y con dos o tres movimientos de sus manos en el aire conjuró a las rocas y a la lava de la montaña, y antes de que la mujer pudiera repetir la pregunta, el hombre construyó un castillo en los linderos de un bosque y lo pobló con plantas carnívoras y animales fantásticos.

La mujer era hermosa y varios personajes de la nobleza la codiciaban, de lo cual se puede deducir que era voluble y caprichosa. Miró los ojos brillantes del hombre y sus labios sellados y, desconsolada, se dignó echar una mirada a la mole del castillo. Enseguida, hizo varios mohínes, se acurrucó en el pecho del hombre y, días más tarde, se fugó con un vendedor de mercaderías.

Al guerrero transfigurado en mago le llevó algún tiempo comprender que a esa mujer la conmovía más la cháchara que sus habilidades para realizar prodigios, y más trabajo aún le costó entender que las palabras, si son verdaderas, también obran portentos y conmueven el alma.

Ese nuevo conocimiento que obtuvo de esa aventura lo mantuvo alejado del mundo, llegaron más guerras y jamás persiguió a la mujer, porque él prefería él silencio y sabía que no podía hacer nada para complacerla. Los que lo vieron, contaron más tarde que el hombre se encerró en el castillo que construyó para la mujer que había amado, y que con los años, para evitar que una de las plantas carnívoras le devorara el corazón, él mismo se volvió uno más de sus animales fantásticos.

 

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Juan Norberto Lerma

México, Distrito Federal.

Es escritor y periodista. Ha colaborado en diversos medios de comunicación y en varias revistas culturales. 

Ha publicado varios libros de cuentos en Amazon, entre los que se encuentran La Bestia entre los días, y Perro Amor.