• 18 de Mayo del 2022

Escribir es como pulir una piedra dura: Márcia Batista Ramos

Márcía Batista Ramos / Especial

 

Márcia Batista Ramos es Licenciada en Filosofía-UFSM, Gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria

 

Juan Norberto Lerma

Una palabra es suficiente para que la escritora Márcia Batista Ramos inicie un texto, el cual puede tomar la forma de un cuento, un ensayo, transmutarse en un poema, o de plano en un cuento poético.

Desde luego, Márcia Batista Ramos es la que determina qué forma tendrán sus textos, pero en algún lugar de este universo también existen el destino y la magia, los cuales descienden en sus páginas y hacen que las palabras evoquen imágenes selváticas, enigmáticas o que revelen secretos.

Originaria de Brasil, la escritora Márcia Batista Ramos vive actualmente en Bolivia y, desde esa geografía sin mar, contempla cuanto sucede en el resto del mundo, pero, sobre todo, observa lo que ocurre dentro de ella y su mundo literario.

Márcia Batista Ramos es Licenciada en Filosofía-UFSM, Gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Además, es una mujer generosa que lo mismo colabora en espacios periodísticos, que invita a personas a participar en los espacios en los que ella publica y les da la posibilidad de difundir sus textos.

Actualmente, Márcia Batista Ramos colabora en revistas internacionales de 22 países y es editor adjunto de la Edición Internacional de Literatura China (a cargo de la Federación de Círculos Literarios y Artísticos de Hubei, China).

Debido al trabajo de su padre, desde niña, Márcia Batista Ramos tuvo que cambiar de domicilio en innumerables ocasiones. Las mudanzas y el peregrinaje la hicieron conocer varias poblaciones y la favorecieron con decenas de amistades. Ese constante movimiento le enseñó que “nadie es imprescindible y los afectos tienen un sabor duradero, pues cuando vuelves a encontrarte parece que no pasó el tiempo”.

Una niñez diversa y colorida

“Yo crecí en el Estado do Rio Grande Do Sul, un estado muy próspero al sur de Brasil; digo en el estado, porque mi niñez fue marcada por los cambios de destino de mi padre, entonces, viví en distintas ciudades del estado de ‘Rio Grande Do Sul’, asistí a diferentes escuelas y conocí a diversas costumbres en cada lugar de residencia, eso me hizo bastante adaptable. Estuve en colegios de monjas (cantaba en el coro)”.

“Viajaba bastante, en los fines de semana, para ver a la abuela en la capital, los primos y, todos los parientes. Entonces, mi niñez tenía muchos paisajes, la parada en el ‘Belvedere’ (mirador) para admirar la Sierra del Mar; sabía nombres de ríos y de muchos lugares del camino; había lugares en la orilla de la carretera donde parábamos para comprar frutas o los restaurantes de cada ruta desde el municipio donde vivía hasta la capital, que ya se tornaban familiares porque comíamos muy a menudo en algunos de ellos, (recuerdo el restaurante húngaro que servía pastel con una bola de helado como postre); después cambiábamos de ciudad y venía una nueva ruta y nuevos lugares, pero siempre era bueno; me gustaba el viaje y las paradas para comprar piñones calientes en invierno o uvas en el verano. En las vacaciones de verano siempre viajábamos al mar, el Atlántico sud tiene olas tranquilas en la playa y es frio”.

“Siempre vivíamos en casas grandes, en el barrio más céntrico de cada municipio, una o dos cuadras lejos de la plaza, pero lo que importaba era la familia, que se sentaba siempre a la mesa. Iba a los cumpleaños de los amiguitos, los invitaba a los míos, en cada lugar que viví”.

“Jugábamos y me despedía cuando tenía que cambiarme de ciudad, y llegaban otros amigos en el nuevo destino, como una prueba de que la vida es así, un lugar pasajero, donde nadie es imprescindible y los afectos tienen un sabor duradero, pues cuando vuelves a encontrarte parece que no pasó el tiempo”.

“El paisaje de mi niñez fue muy diverso y colorido. Mientras observaba los lugares con nombres pintorescos como la ciudad llamada ‘Feliz’ o leía la filosofía escrita en los parachoques traseros de los camiones, crecía”. 

Describe una escena en la que de niña hayas sido feliz.

 

—Vi en el periódico de domingo la propaganda del show internacional ‘Holiday On Ice’ en la capital del estado y les dije a mis padres que quería ir al show y tres días después, ellos salieron más temprano de su trabajo y viajamos a la capital Porto Alegre, para ver el ballet sobre hielo. Fue tan grato que, hasta hoy, cuando recuerdo, dibujo una sonrisa en mi rostro.

El romanticismo brasileño

La formación literaria de Márcia Batista Ramos comenzó con los románticos brasileños: Cecília Meireles, Álvares de Azevedo, Mario Quintana, y continúa nutriéndose con los libros que más disfruta.

Cuáles son los escritores que tú consideras que te formaron.

 

—La formación primigenia es en mi país y en mi idioma materno el portugués, empieza cuando aprendí a leer, descubrí los poetas del romanticismo brasileño, un importante movimiento artístico del siglo XIX, con representantes en la prosa y en la poesía y pese a ser tan niña, me encantaban y aprendía muchos versos de memoria: ‘Y dejo la vida como quién deja el tedio\ Del desierto, el ponente caminero\ — Como las horas de una larga pesadilla\ Que se deshace al doblar de una campana’. (Recuerdo de Morir, Álvares de Azevedo)”.

“Los poetas románticos brasileños, me enseñaron algo así como: que, la poesía es triste.

Después, conocí a otros poetas contemporáneos, que no me hicieron cambiar de parecer, como: - Mario Quintana: ‘¿Más qué daros de nuevo y de imprevisto?’ \Digo... y alzo mis manos fatigadas: \’Yo sé llorar... Yo sé sufrir... ¡Sólo eso!’”.

“Y Cecília Meireles ‘Yo canto porque el instante existe \ y mi vida está completa.\ No soy alegre ni soy triste:\soy poeta’”.

“Posteriormente, vino una lista larga que sigue sumando nombres porque somos seres en transformación y siempre hay quienes nos tocan con su pluma mágica”.

El misterio del trabajo creativo

Márcia Batista Ramos escribe de noche y de día corrige sus textos, Tiene claro que la literatura es un arte que requiere que se pulan las frases como si fueran piedras duras. Para Márcia Batista Ramos, la literatura puede ser una frase certera, pero sobre todo es armonía, quizá canto o poesía.

Qué te lleva a escribir, qué mecanismos interiores te dirigen hacia la página en blanco.

 

—Una palabra, una simple palabra, abre una puerta que me lleva a diversos pasadizos dónde existen palabras desparramadas, que las junto y que terminan en un texto.

¿Tus textos surgen de la “inspiración” o del trabajo?

—Del trabajo inspirado en algo.

 

Si tuvieras que escoger entre la “inspiración” y el trabajo, ¿con qué te quedarías?

—El trabajo de pulir la palabra como quién pule una piedra dura.

¿Eres escritora matutina o nocturna?

—Escribo por las noches, reviso mis escritos por las mañanas.

 

¿Tienes alguna definición de “buena literatura”? ¿Y de mala literatura?

 

—Para mí, la buena literatura se relaciona con la excelencia del arte literario, por eso provoca satisfacción en nuestro espíritu, por la palabra bien dicha y la idea bien plasmada, tiene un ritmo y conmueve.

“Lo contrario, ruidoso, irritante, confuso es aquello que yo llamo mala literatura. Empero, la literatura es un arte subjetivo y como tal, da para todos los gustos. Y los gustos no se discuten, se respetan. Yo no discuto sobre la temática”.

Menciona un libro que te haya atrapado y dime por qué te atrapó.

“Algemas partidas del escritor inglés A.J. Cronin”.

“Una historia de suspense y misterio en que el hijo intenta encontrar a su padre y descubre que está preso injustamente, además descubre que el verdadero criminal es un hombre generoso que vive con la sombra de su pasado”.

“Me atrapó a mis 13 años, porque la justicia es una cuestión genética que traigo en las venas”.

 

Nombra algún libro que no te haya gustado.

—Existe un libro que su lectura fue horrible, una especie de tortura, me causó dolor de cabeza, la baja calidad de la obra era hiriente. Pero, lo escribió un escritor conocido mío, entonces, me reservaré el derecho al silencio…

Literatura sin etiquetas

Para Márcia Batista Ramos la literatura es libertad y pronostica que en el futuro los libros continuarán inspirando a quienes escriben. De todos los géneros literarios en los que ha incursionado, en el que se siente más a gusto es el relato, en el que crea atmósferas que atrapan la atención de los lectores.

 

¿Crees que hay literatura libresca?

—Creo que la hay y seguirá existiendo para siempre, porque no todos los escritores responderán, todo el tiempo a la realidad dinámica y a las nuevas tecnologías, por eso sostengo que seguirán utilizando la lectura de libros como fuente de inspiración, como parte de los usos y costumbres de la ya establecida literatura.

“Además, pienso que la tradición libresca, con el tiempo y el avance de las tecnologías, tiende a tornarse un requinte, en un mundo de tecnologías al alcance de todos, porque el ser humano siempre quiere destacar por la diferencia”.

 

¿Hay literatura vivencial, visceral?

 

—Hay de todo en la viña del Señor. Depende de cada escritor plantear abordajes subjetivos y libres de un contenido reflexivo, vivencial o contemplativo de la realidad; o proponer una lectura que deje incómodos y desasosegados a los lectores por el contenido visceral y políticamente incorrecto (transgresor).

“La verdad es que la literatura es la manifestación de la libertad del ser humano, lo único que logra ser más libre que la literatura es el pensamiento humano. Pero el arte de la expresión a través de la palabra​, tanto en textos escritos (literatura escrita) como hablados o cantados (literatura oral), siempre va a reproducir la vivencia del hombre sobre la tierra y muchas veces, lo hará de forma punzante, furiosa, descarnando todo y respondiendo a la literatura visceral”.

“Además, para personas en circunstancias de violencia la experiencia de producir literatura vivencial sirve de catarsis y cuanto más uno se acerca al dolor, se aleja de las contemplaciones y más visceral será la literatura vivencial”.

 

¿Con qué tipo de textos te sientes más cómoda, con las microficciones, los relatos, la poesía, o los ensayos?

—Me siento más cómoda con los relatos, por esas cosas de la inspiración momentánea y de la narrativa en primera persona que acostumbro a escribir, que me permite personificar al personaje que cuenta la historia, es una experiencia gratificante.

 

¿Crees que es correcto utilizar la literatura para servir a alguna ideología?

 

—Todo ser humano tiene una formación ideológica intrínseca, si reniega en contra de esa ideología va a adoptar otra que le convenza. Y el escritor siempre está enmarcado en su formación ideológica, y lógicamente que va a expresarse literariamente conforme su formación ideológica.  Eso es correcto, porque lo neutro no existe, lo neutral es tan falso que apesta.

Arte sin compromisos

En los textos de Márcia Batista Ramos aparecen una diversidad de temas, casi tantos como los que contiene el abanico de la vida. Cuando lo que surge desde dentro de ella no se amolda en un relato, se convierte en un poema.

En los cuentos cortos de Márcia Batista Ramos surge la sorpresa o la reflexión, la frase poética que despierta en el lector imágenes de fantasía que construyen un universo poblado de seres fantásticos en el que abundan los recuerdos de la niñez.

¿El escritor debe comprometerse con la sociedad o sólo con sus textos?

 

—A estas alturas del desarrollo de la humanidad, yo pienso que el respeto por el otro y su manera de expresar su arte es lo fundamental. Cada uno debe hacer lo que mejor le parezca, comprometido consigo mismo y con su conciencia.

“Hoy por hoy, el intento de encasillar a las personas, sus expresiones artísticas y lo que fuere, es vano, y retrógrado desde mi punto de vista. Aplaudo a los escritores comprometidos con los problemas de su tiempo, pero también aplaudo a los escritores que abogan por una literatura pura: que buscan el arte por el arte”.

 

¿Qué es lo que quisieras transmitirles con tus textos a tus lectores?

 

—La verdad, en mis textos yo trato de plasmar la universalidad de algunos aspectos de la vida humana, a partir de una voz individual.

 

¿Te han intentado obstaculizar en los “círculos literarios”?

 

—Sí, claro que sí. Yo vivo en Bolivia y el medio literario es reducido, y en él pululan las mentes estrechas que se mueven con mentiras y otras mediocridades. Pienso que en todos los lugares existen las personas que te extienden la mano y las que te tiran piedras. Hace parte de la índole humana, pero no es agradable encontrarse con las segundas.

¿Qué crees que le hace falta a la literatura que hacen las mujeres? ¿Qué es lo que hacen bien las mujeres en la literatura?

 

—Hace falta que los hombres dejen de ser machistas y erradiquen la mentalidad de que las mujeres tienen menos capacidad o menos posibilidades que los hombres.

“Mientras la humanidad como un conjunto no evolucione y entienda que hombres y mujeres tienen las mismas capacidades y posibilidades existirán ese tipo de preguntas y la diferenciación de la literatura escrita por mujeres. Las mujeres hacen muy bien todo lo que se proponen a hacer”.