• 28 de Octubre del 2020

Trampantojo

Páginas de un periódico / YouTube TVMAS

 

Una psique condicionada por las vivencias personales, sanas o patológicas, pueden también deformar nuestra percepción de la realidad

 

José Luis Peregrina Solís

 

No hay peor ciego que el que no quiere ver. ¿O el que no puede ver? Decidan ustedes. El caso es que un día desperté, calenté una taza de café y me puse a leer mi periódico. Digo "mi periódico" porque ahí es donde trabajaba. Una nota llamó mi atención.

Por una cuestión que no recuerdo hubo un desacuerdo entre un grupo de colonos y se armó una trifulca sin víctimas de consideración. Pero una de las fotos y su pie, despertaron, primero, mi indignación profesional y, segundo, una inquietud, una duda, una incertidumbre. El pie decía, aproximadamente, pero sin lugar a dudas que, en el enfrentamiento, hasta "una pobre anciana había sido agredida violentamente por una joven".

El punto chocante del asunto era que la fotografía, en blanco y negro, mostraba exactamente lo contrario: una anciana con el pelo entrecano, con un vestido claro, ubicada detrás de una joven, la tironeaba del pelo. Un absoluto divorcio entre la realidad fija de la imagen y el pie de foto. La imagen refutando taxativamente lo que el pie decía. ¿Cómo explicar este error puramente periodístico, pero inquietante por lo que implicaba? Entiendo que diferentes zonas del cerebro controlan diferentes sentidos y habilidades del cuerpo: la vista, el oído, el olfato, el tacto, el gusto, el habla, el movimiento de nuestras extremidades, etc., etc.

La pregunta es: ¿el fotógrafo que tomó la foto y escribió el pie contradictorio tenía bien conectadas las zonas cerebrales que van de la vista a las zonas que controlan el raciocinio y la conciencia, que le hubieran permitido interpretar correctamente la realidad que fotografió? Hoy la neurociencia nos dice que, en nuestra percepción de la realidad, el ojo, la vista, representan sólo el 20 por ciento.

El otro 80 por ciento es la interpretación que hace el cerebro de lo que los ojos, la vista, le hacen llegar. Inquietante. El punto es que el fotógrafo entregó fotos y pies al reportero que tampoco notó el garrafal dislate. El reportero entregó el material al editor(a) que tampoco lo notó. Las jefaturas de redacción e información tampoco lo notaron. Y así se publicó. Y así aparecía en el periódico que en ese momento yo tenía entre las manos.

Pero yo noté el dislate. ¿Y los lectores con qué se quedaron?, ¿con la información pura y dura de la imagen, una anciana violentando a una joven, o con el pie contradictorio que “describía” a una joven violentando a una anciana? No tengo la respuesta. Pero si malinterpretaron el fotógrafo, el reportero, el editor(a), las jefaturas de redacción e información, ¿por qué no habrían de hacerlo también los lectores? Me sentí en un mundo poblado posiblemente por ciegos, por una mayoría hipnotizada por el poder de la palabra, oral o escrita. Yo estaba confundido.

Sé que en los ojos hay un punto ciego y que el cerebro nos engaña. A la manera de un programa de diseño que toma los píxeles que lo rodean y "cubre" ese punto ciego mostrándonos un panorama “completo”

Podría haber una explicación psicologista más simple: si tomas a una persona cualquiera, como muestra, y le cuentas que has visto pelear a una mujer joven y a una anciana, y no le cuentas el resultado de la pelea, la persona dirá, casi seguramente: ¡Pobre viejita! Quizás eso pasó con el fotógrafo, el reportero y todos los demás filtros periodísticos: es inviable que una anciana venza a una joven y dieron por hecho lo contrario: que la joven había agredido a la anciana, contra la tajante evidencia de la foto.

También lo sé: una psique deformada, condicionada por años por el entorno, por las vivencias personales, sanas o patológicas, pueden también deformar nuestra percepción de la realidad, también pueden hacer una lectura equivocada, distorsionada, de la realidad, porque esa realidad está teñida de emociones negativas o positivas y puede llegar a tener lo mismo visiones terroríficas, enloquecedoras o, a la inversa, puede proyectar la dorada sombra de su vida afortunada y ver un ángel ahí donde no hay otra cosa que una persona tan sencilla o complicada como cualquier otra o un bello jardín donde no hay más que un patio maltrecho y descuidado.

Lo sé: un cerebro y una psique saturados de alcohol, drogas y un sinfín de sustancias químicas que genera el propio cuerpo casi seguramente tendrá una visión bastante retorcida de la realidad que lo circunda. Así es que la pregunta que me hago también me hace pensar: ¿mi visión de la realidad es la correcta, o es sólo otro trampantojo?

Deduzco que la subjetividad matiza la realidad de cada uno. No se repiten las huellas digitales de las manos ni de los pies, los iris de los ojos; ni siquiera los gemelos univitélicos ni los animales clonados comparten el cien por ciento de su material genético. Desde Heráclito sabemos que nada sucede dos veces, que nunca el mismo hombre se baña dos veces en el mismo río, etc.

En fin, que todo parece indicar que la naturaleza de la realidad no permite, no admite la repetición. Entonces ¿por qué habrían de repetirse los puntos de vista, las interpretaciones de una realidad siempre cambiante? Asumo que mi punto de vista es único, pero también limitado y, probablemente, distorsionado; y el de los demás también. Pero habida cuenta del referido suceso de la foto y el pie que la contradecía, mi punto de vista y el de los demás los tomo con calma y un punto de duda y de cautela. Es decir, cribándolos, en la medida de lo posible, con la razón, la conciencia y tan lúcido como pueda estarlo.