• 22 de Septiembre del 2021

Palabras extrañas

Hands / Greyerbaby/Pixabay

 

Sin duda el idioma está lleno de pequeños rincones misteriosos donde podemos asomarnos para descubrir expresiones y palabras con singular significado

 

 

El inmenso mundo del lenguaje me causa asombro y un fuerte impulso a conocer sus misterios y rincones más intrincados. Pensar en el origen de las palabras, su evolución, significado, puede enriquecer nuestro lenguaje y cultura, sin embargo las que nos encontramos en el camino, a veces a tropezones o sin querer, son las más interesantes.

Mi afecto por las lecturas de Robert Louis Stevenson, quien se inspiró en dos siniestros personajes, me permitió encontrarme con la historia del método Burking. Dos delincuentes y asesinos irlandeses que vivieron en el siglo XIX en la ciudad de Edimburgo inventaron un método para asfixiar a sus víctimas y proveer a la universidad escocesa de cadáveres frescos para su clase de anatomía. William Burke y William Hare asfixiaron a 16 víctimas hasta causarles la muerte para facilitar el estudio anatómico de la clase de medicina del doctor Robert Knox.

En honor al método utilizado por los dos rufianes quedó en la lengua inglesa como el método Burking, que el diccionario de Oxford define como “asesinar por sofocación sin dejar marcas de violencia”. Estos dos pillos introducían dos dedos en las fosas nasales mientras el pulgar detenía la mandíbula. Alguna vez en una tarde lluviosa en la hermosa ciudad de Edimburgo imaginé cómo recibía su castigo William Burke en Lawnmarket, donde sucedían las ejecuciones públicas; pude aún percibir los gritos de las 25,000 personas que se asomaron a presenciar los últimos momentos del múltiple asesino. Más tarde, en un estudio de la lectura de Fernando de Paso en Palinuro de México me encontré con los nombres de estos dos personajes inconfundibles.

Otra historia del Reino Unido la hallé con el normando Guillermo el Conquistador. Allá por el siglo XI, en el 1068 el futuro rey de Inglaterra utilizaría un término que hoy conocemos como toque de queda. En sus afanes de conquista y presto a reclamar el trono de Inglaterra, dio la orden de “extinguir el fuego”, en francés antiguo, cuevre-feu, cubrir el fuego para quedar a oscuras y tener controlada a la población.

Sin duda el idioma está lleno de pequeños rincones misteriosos donde podemos asomarnos para descubrir expresiones y palabras con singular significado. Tal es el caso de los siguientes chiapanequismos que provocaron una que otra confusión y muy gratos recuerdos de la lejana niñez. 

No obstante que emigré con mis padres y hermanos a la Capital, ahora Ciudad de México, cuando tenía tres años, aprendí algunas expresiones muy chiapanecas que resultaban confusas para mis amigos de la infancia. En la primaria nos prestábamos cinco centavos, quizás hasta veinte, y lo más normal sería decir “me prestas veinte centavos”, pero resulta que en Chiapas es muy común decir “te presto veinte centavos”, que significa exactamente lo mismo que la primera expresión: pedir prestado.

Por supuesto que causaba confusión y muchas risas al contestarme: muy bien, con gusto, dame los veinte centavos. Poco a poco me di cuenta que no me convenía usar ese idiolecto y dejé de utilizarlo. También el verbo guindar, quizás muy poco conocido para muchos, causaba confusión cuando les decía: guíndame por favor mi ropa. Resulta que guindar es un verbo y significa exactamente lo mismo que colgar.

Recuerdo un hecho muy divertido que aconteció en una pollería. Mi hermano Francisco fue a hacer el mandado. Lo acompañé y escuché lo inesperado:

—Buenos días, me da una chacha y un garapacho.

Las risas de la marchanta y su séquito de polleros no se hicieron esperar. ¿Qué era eso de “chacha” y “garapacho”?

—¿Quieres una muchacha?, jaja, aquí no es el lugar indicado joven.

Vi la cara de mi hermano que se tornó tensa y apesadumbrada.

—¿Quieres también una concha de tortuga, un garapacho, jajaja ¡Aquí no hay muchacho!

Mi hermano insistía y la marchanta no paraba de reír sin comprender esas palabras inusuales en una pollería. Mi hermano insistía en que quería unas chachas y unos garapachos. La marchanta reía y reía. Fue hasta que él señaló las mollejas y los huacales, que la confusión llegó a su final.

De repente te das cuenta que las palabras que expresas o conceptos no son comprendidas por los otros. Aunque hables el mismo idioma, ciertas expresiones pueden resultar en verdaderas rarezas para los oídos de los demás. Como puede suceder con ciertas expresiones que se convierten en un idiolecto y que sólo comprenden o saben su significado un pequeño grupo de personas.

Y hablando de más idiolectos y dialectos, mi madre se crio en el rancho San Luis, muy cerca del poblado de Salto de Agua, donde tuvo la fortuna de convivir con indios choles y de los que pudo aprender su lengua. Desde muy niña lo escuchó hablar de mis abuelos, y la convivencia estrecha con los pobladores choles le permitió hablarlo y entenderlo con fluidez.

Aún recuerdo algunas reuniones con mis tías, también bilingües, en la que era una verdadera tertulia en la que el chol era el medio de comunicación. Nunca supe qué tanto se decían, pero era muy divertido escuchar aquellos sonidos extraños pero que para ellas era lo más normal. Las carcajadas eran lo único que yo comprendía. Sin embargo, tuve la oportunidad de aprender algunas palabras y expresiones.

Y como sucede con cualquier lengua, lo primero que aprendemos más fácilmente son las malas palabras. Aprendí desde el hogar un insulto común y corriente con el que me insultaba con mis hermanos. Aquella palabra era kush ´tiá, que traducido es come caca o cómete tu caca. Era un insulto bajo el extremo del enojo y que se decía al final de una larga disputa. En algún momento de mi niñez y adolescencia dejé de ocuparlas, para después, aprender otras.

Órdenes reales, asesinos que patentaron un vocablo, groserías y los pequeños percances con expresiones locales: el lenguaje es el alma de cualquier cultura.

Hoy mis expresiones son muy chilangas, pero de vez en cuando me doy un paseo lingüístico en el que descubro palabras viejas, ocultas, misteriosas; otras nuevas y rimbombantes. Y me pregunto… ¿Qué significa esto?