• 22 de Septiembre del 2021

Letanía de Miles Davis

Miles Davis / Facebook/Miles Davis

 

Sustituiríamos la promesa divina del arcoíris, por el metálico sonido de un jazz balbuceante y matinal



Que el cielo fuera el compás más largo, el aire un prolongado silencio y el beat de la trompeta, el sonido en la vigilia del apocalipsis. Sustituiríamos la promesa divina del arcoíris, por el metálico sonido de un jazz balbuceante y matinal. Ensoñadoras burbujitas ácidas, que compiten en tornasoles con el astro rey.

Oh amores imposibles

Aquellos ojos negros de hace veinte, colgados como accesorios en la puerta de la prepa.

Oh fantasías cotidianas

Como decirle a quien no debo decirle, lo que tengo que decirle.

Oh lengua bífida y volátil

Las palabras que irrumpen como trolebuses cuando cruzan el close up de una tarde muy evening.

Oh dolor de portar el cuerpo

Dejarse poseer por un Martini frente a la ventana de un pueblo que en realidad no comunica con ningún penthouse; ni la Quinta Avenida aparece por ninguna parte.

Pensar en las mañanitas, el ave maría, la banda de guerra y las canciones que se adhieren sin que uno quiera. Cuando la muerte asistida germina junto a alguna brutal carcajada pensando que estamos en el Barrio Latino de París. Entonces nos reaviva la sordina de la metralleta mejor afinada, “It never entered my mind”, ¿Quién dijo eso?

Y el beat de la trompeta es el Virgilio arrepentido que abjuro en el infierno. Y la máquina del tiempo ya sin tiempo, cuando los mejores momentos vuelven al oído como una erótica revelación.

Dios te salve de la violencia inmóvil de alguna sensibilidad hipoacúsica.

Ruega por nosotros oh Miles Davis…