• 29 de Noviembre del 2022

Ciudad Silencio (Cuento corto)

 

Para los descendientes de aquellas personas, es obvio que el mar se convirtió en el cementerio de sus antepasados, aunque nadie tiene pruebas

 

 

Juan Norberto Lerma

En las calles de Ciudad Palmira, el peligro y el horror no es la multitud, sino el silencio. Quizá no sea ocioso precisar que son dos ciudades pequeñas, como dos feudos, dos barrios, dos colonias. La primera se llama Palmira Mayor y la segunda Palmira Verde.

En las plazas de Palmira Mayor los residentes y turistas se detienen frente a los escaparates de los comercios, y ellos mismos parecen parte de los anuncios que atestan las aceras. En cambio, en la otra ciudad, el ulular del viento, el chasquido de las olas, y de cuando en cuando, pájaros sin brújula son los únicos que parecen vivos.

Las dos ciudades están junto al mar, una al lado de la otra, en el mismo nivel, sin embargo, una noche de 1934 el agua les arrebató a los pobladores varias calles de la segunda ciudad.

Un sector de Palmira Verde quedó sumergido bajo las aguas oceánicas durante 13 días y, cuando el agua se retiró, los vecinos que acudieron al rescate no encontraron ningún cuerpo. Para los descendientes de aquellas personas, es obvio que el mar se convirtió en el cementerio de sus antepasados, aunque nadie tiene pruebas.

Como con precisión geométrica, el agua únicamente devoró una franja de la ciudad con forma de triángulo, arremetió de noche y ahogó mercados, salones escolares y edificios, sin embargo, no destruyó los cimientos ni corrompió los pavimentos. Hasta la fecha, no se conoce una explicación científica para el fenómeno que respetó a la otra parte de la ciudad. Eran épocas oscurantistas y abundan los rumores de maldiciones diabólicas, castigos divinos y manifestaciones del fin del mundo.

Los sobrevivientes se negaron a habitar de nuevo las calles saladas y marcadas para siempre con signos marinos. Con los años, las autoridades decidieron conservar vacío ese sector, a título de recuerdo o monumento.

Durante el día, los curiosos pueden caminar y escuchar cómo resuenan sus pasos en las calles desoladas, o concentrarse en el silbido del viento que se pasea entre los huecos de las ventanas.

Sin embargo, el gobierno de la ciudad prohíbe caminar de noche en esas calles. Muchos de los pobladores dicen que esa prohibición dio pie para que sus antepasados inventaran una leyenda que atrajera turistas despistados, y otros juran que quien camina de noche en esa desolación se coloca frente a un peligro mayor.

El imaginario colectivo ha propalado que de noche es cuando los antiguos habitantes regresan a las calles que les pertenecieron. Quienes los han visto, aseguran que los pobladores que vuelven se comportan de forma natural, entran a sus residencias o van a sus oficinas, sólo que sus movimientos no se escuchan y son como aleteos de pájaros o como olas que arrullan. Dicen que se les ve en plena forma, radiantes cuando suben tramo a tramo las escaleras que llevan a la plaza en la que se reúnen a fumar y a conversar acerca de sus novedades, y que de no ser porque se desplazan como si flotaran, uno creería que son criaturas de espuma o seres que lloran agua.

Quienes estuvieron antes en esas calles de noche y lograron sobrevivir, sólo contaron que en cuanto se pierde el ultimo destello del sol, del oeste desciende una niebla que bloquea cualquier sonido y que resulta imposible escuchar el ruido de los pasos, los pensamientos se paralizan, el siseo de la respiración vacila, y cuando el paseante es consciente de que no escucha siquiera el latido de su corazón, se desploma. Los pobladores añaden que el mar o algo parecido acuna a las personas que sucumbieron al silencio, y que las lleva hasta la orilla del agua, y que es entonces cuando les llena los ojos de sal y espuma.

 

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Juan Norberto Lerma

México, Distrito Federal.

Es escritor y periodista. Ha colaborado en diversos medios de comunicación y en varias revistas culturales. 

Ha publicado varios libros de cuentos en Amazon, entre los que se encuentran La Bestia entre los días, y Perro Amor.