• 17 de Enero del 2021

Leer en el retrete, de Henry Miller, los goces estéticos en el vertedero

Henry Miller / Facebook/PEN America

 

Leer y evacuar son opuestos, el primer término indica incorporar materiales, y el segundo, desechar

  

Leer en el retrete es un texto en el que Henry Miller se divierte y hace varias observaciones sobre la costumbre que tienen algunas personas de leer en el baño. Henry Miller no se conforma con calificar de patológico el hábito de aprovechar la privacidad del retrete para leer diarios, revistas, libros y hasta las letras pequeñas del tubo dentífrico, sino además recomienda separar la actividad de evacuar de la de leer. La primera es resultado del sistema fisiológico autónomo y la segunda es una capacidad superior que requiere atención absoluta.

Henry Miller se burla de quienes leen hasta a Los Clásicos, sentados en esa especie de embudo, en el que, además, a la mayoría nos acometen toda clase de pensamientos que van desde lo personal hasta lo ditirámbico.

En Leer en el retrete, Henry Miller aprovecha su texto para reflexionar sobre sus hábitos de lectura, los lugares en los que leyó durante su primera juventud, y nos cuenta que, en efecto, en algún tiempo, él también leyó en el baño, pero sólo Los Clásicos que estaban prohibidos, y revela que cuando pudo leer en una biblioteca fue como tener un palco en el paraíso.

En las conversaciones que tuvo con algunos conocidos, la mayoría le confesó que las lecturas que hacían en el baño eran insulsas, para distraerse, para aprovechar el tiempo, e incluso para informarse.

Leer en el retrete es un texto de unas 40 páginas, las cuales le sirven a Henry Miller para filosofar, burlarse, para decir frases ingeniosas sobre las lecturas en el baño, y hasta para hablar sobre la escritura.

A Henry Miller le parece que la lectura bien puede ser una virtud o un vicio, y enumera cinco motivos por los cuales lee una persona, ya sea en el baño, o en otros lugares menos privados.

La primera motivación para leer, según Henry Miller, es para estar fuera de nosotros mismos; la segunda es para estar preparados en caso de que nuestras peores pesadillas nos salten a la cara; la tercera es para no sentirnos menos y presumir; la cuarta para estar informados, aunque no hagamos absolutamente nada para mejorar el mundo; la quinta es para pasar el rato, y al mismo tiempo ejercitarnos en actividades de mayor complejidad, es decir, para intentar mejorarnos tanto en conocimientos prácticos como en sabiduría.

En un mundo en el que el cuerpo y la sociedad funcionaran a la perfección, la única razón válida para leer sería encontrar goces estéticos que, aunque no nos convirtieran en seres humanos responsables de nosotros mismos y del mundo, al menos sí nos proporcionarían placeres no convencionales.

En Leer en el retrete, Henry Miller nos dice que la lectura en el baño es una actividad que irrumpe en una necesidad fisiológica que se basta a sí misma. Leer y evacuar son opuestos, el primer término indica incorporar materiales, y el segundo, desechar. A Henry Miller le parece que ningún escritor célebre desearía que lo vincularan con la materia que se envía a las cloacas.

Henry Miller llama la atención sobre la costumbre de realizar la limpieza del cuerpo, bañarse, a un lado del lugar en el que se desechan los restos de los alimentos que consumimos. Esa observación le permite sugerir, unos párrafos más adelante, una fábula en la que la taza de baño se convierta en una especie de objeto celestial.

En el momento en que Henry Miller se pregunta los motivos por los que escribió, qué clase de impulso lo llevó a convertirse en escritor, responde que fue porque quería resolver un misterio. Reconoce que jamás supo qué clase de misterio era el que quería desentrañar. Lo que sí supo es que su deseo de escribir obedecía a un llamado supremo que lo impulsó a extraer el libro interior que llevaba dentro.

En su texto, Henry Miller afirma que todos los seres humanos somos escritores, pero que no a todos nos es dado escribir revelaciones.

Leer es siempre interpretar, dice Henry Miller, y concluye que el error del hombre consiste en no querer dotar de significado a cuanto somos capaces de expresar. Como los seres humanos vivimos apesadumbrados por la idea de la privación, en lugar de procurar el saber, preferimos protegernos detrás de los mitos.

En leer en el retrete, Henry Miller nos dice que, en rigor, la humanidad no está huérfana, y que, si así se percibe, es porque se niega a reconocer su origen.

En este texto, Henry Miller no abandona la forma directa de abordar los temas y para no parecer tan atrabiliario, matiza su estilo con dosis de buen humor.