• 16 de Agosto del 2022

Foro Económico Mundial 2022, Ciudad y Naturaleza

Por iniciativa del profesor de economía suizo Klaus M. Schwab, quien buscaba crear un espacio informal de reunión donde las empresas europeas pudieran debatir cómo mejorar su gestión frente a sus homólogas estadounidenses, en 1971 se llevó a cabo la primera sesión del Foro Europeo de Gestión, mismo que evolucionaría para 1987 a lo que hoy conocemos como Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés).

 

Con el paso del tiempo, el foro se ha convertido en un mecanismo válido para la discusión de objetivos comunes enfocados en el progreso y en la construcción de un mundo mejor; un foco creador de tendencias de política económica, en un principio y ambiental, actualmente ya que, durante cada una de sus ediciones los expertos se enfocan en los temas que consideran clave para mejorar las condiciones de vida de todas las personas del mundo.

Y si bien este año, por obvias razones, hay dos preocupaciones en el mundo, la atención y los estragos del Covid-19 en las economías mundiales, así como la guerra que se vive entre Rusia y Ucrania, el tema ambiental sigue vigente y se ha expresado ahora bajo la idea de traer soluciones basadas en la naturaleza a las ciudades; un intento más para hacer nuestros entornos urbanos sostenibles.

Y no es que en Davos, Suiza, lugar cede del Foro, estén inventando el hilo negro, sino que, la globalización es un fenómeno que tal parece se ha agotado y ha dado como resultado, la necesidad de replantearse el papel de lo local en el escenario mundial. No tenemos dudas que los efectos de la pandemia generada por el virus SARS-CoV-2 y la guerra entre Rusia y Ucrania, han puesto de manifiesto la necesidad de hacer que las ciudades sean menos dependientes de los insumos externos a sus medios locales ya que, por un lado, la pandemia impacto de forma negativa a las ciudades que no contaban con un plan de recuperación económica ante la falta de movilidad social, lo que impacto de mayor forma a las pequeñas empresas que se nutrían del consumo local y que, no pudieron recuperarse ante la pérdida súbita de su demanda al encerrar a las personas, y por otro lado; es en los entornos locales donde se observa de forma clara que el desabasto de insumos para la actividad agrícola, así como el alza que ha provocado en los combustibles, se han conjuntado para elevar la inflación de los países a nivel mundial, con los subsecuentes aumentos en bienes básicos que, han tenido un mayor impacto en los consumidores finales, los que viven en estas localidades que no han regresado a recuperar sus niveles económicos que tenían antes de la pandemia.

Según la experiencia vertida en Davos, estamos en una encrucijada como planeta que será difícil de encarar. Las metrópolis van a tener cada vez más ciudades satélites que ocuparán las zonas rurales, lo que dificultará el ritmo de la planificación urbana, y los formuladores de políticas y los planificadores tendrán que centrarse en la adaptación al clima mientras intentan reverdecer las ciudades al mismo tiempo. Así, entre el 30 y el 70% de las personas que viven en comunidades pobres alrededor del mundo, seguirán careciendo de las inversiones mínimas de desarrollo para disponer de sistemas adecuados de agua y saneamiento, por mencionar. Ante esta problemática, se tiene que pensar en cómo se apoyará a estas personas y todo apunta a que, la experiencia y el desarrollo desde lo local deben ser una salida para cumplir un mandato social y no dejar a nadie atrás.